¡Qué nos dejó la marcha del 8 de marzo en Guadalajara!

  • Columna invitada
  • Fátima López Iturríos

Jalisco /

Qué sigue después de la euforia vivida en las calles, de las batucadas, los gritos de consigna, de las canciones de lucha, de brincar juntas porque no somos machos, como se dice durante la marcha. Al día siguiente llega una calma momentánea.

La ciudad se dedica a recabar los reclamos de justicia que se dejaron pintados en las paredes, en los cristales y en los monumentos de las calles. Se hace recuento de los daños y se pone a otras mujeres a hacer la limpieza del espacio público, porque sí, otras mujeres limpiarán lo que dejaron las marchistas. 

Y poco a poco se comienza a diluir la razón del 08 de marzo, la  lucha por la justicia laboral de las mujeres. Dando paso a las y los opinólogos a reclamarles por el mal uso de las calles, y a cuidar más de los monumentos que de las víctimas, sí, ésas que llevaron su pinta a la estatua de algún noble jalisciense, porque es más fácil juzgar, que detenerse a entender el reclamo de las mujeres que  transgredieron los edificios públicos. 

Si en vez de opinar, se detuvieran a escuchar sus reclamos, verán que está la chava que pinta por que la violaron tres hombres, y su denuncia no se vinculó a proceso; otra más te contará que ella es la hermana de una chica que salió a comprar leche para su bebé y nunca más regresó dejando a dos pequeñas huérfanas. La tercera de esas mujeres que pinta, es amiga de la mamá de una víctima de feminicidio. 

Estas historias no importan, ¿por qué habrían de serlo?, solo son historias de víctimas, en su mayoría en situación de pobreza, que a nadie le interesan.

Si quieren seguir cuidando los edificios y monumentos de la ciudad, les sugiero que para empezar no existan más calles sin pavimento; que se revise todas las calles para saber si cuentan con luminarias funcionando; que se integre más personal policial especializado en violencias contra las mujeres y que sean dotados de patrullas y de todo el equipo para que puedan recorrer las calles. 

Nos urge que pongan más médicos legistas para atender casos de abusos sexuales y violaciones en cada hospital público, y que se cuente con traductores del lenguaje de señas mexicanas y de lenguas indígenas para apoyar al personal del servicio médico.  

Si queremos dejar de llorar por monumentos lacerados, entonces empecemos a preocuparnos más por las injusticias sociales y sistémicas que viven las mujeres, si queremos una marcha pacífica comencemos por exigir a las autoridades acciones reales y continuas no únicamente mesas interminables de trabajo sin resultados como las que les gusta presumir a las autoridades, sobre todo durante el mes de marzo.


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