Reconstruir el arbitraje electoral: El costo de la crisis en el INE

  • Columna invitada
  • Fátima López Iturríos

Jalisco /
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La salida de Guadalupe Taddei del Instituto Nacional Electoral (INE) detonó una crisis de legitimidad sin precedentes. La reestructuración interna ya suma 30 renuncias y despidos en mandos medios y altos, una sacudida que fractura la confianza pública. Es urgente que el Órgano Interno de Control revise la adjudicación de contratos multimillonarios a proveedores con vínculos estrechos con la exfuncionaria. Para la ciudadanía y el funcionariado el reto no es normativo ni presupuestal; es un desafío ético, profesional y humano.

El arbitraje electoral en México no sufría un desgaste en su credibilidad de esta magnitud desde la polémica elección de 2006. Sin embargo, aquel episodio derivó de la desconfianza en las urnas y el estrecho margen de los resultados del entonces IFE. Hoy, la crisis posee una naturaleza completamente distinta: es estrictamente administrativa y doméstica. No se objeta la tecnología de votación ni el conteo de sufragios, sino la integridad en la asignación de los recursos públicos.

Que las decisiones presupuestales dependieran de cercanías personales con licitantes particulares transforma la certidumbre técnica en incertidumbre institucional. Este golpe impacta de manera directa el clima laboral y la estabilidad de los servidores públicos de carrera que diariamente sostienen la operación electoral del país.

El INE fue durante décadas un pilar de estabilidad en la transición democrática. Su reconstrucción requiere de un relevo que entienda que la legitimidad se defiende con transparencia, autonomía real y una rigurosa competencia técnica. La continuidad de las operaciones exige acciones profundas, decididas y con sensibilidad social.

Recuperar la confianza exige una conducción firme, empática e independiente de intereses económicos. El relevo en el Consejo General debe priorizar trayectorias que impidan usar la toma de decisiones como moneda de cambio para beneficio de amistades. Solo con transparencia absoluta, apego a la legalidad y valorando el talento de sus trabajadores se devolverá el prestigio a una de las instituciones más importantes de nuestra democracia.


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