FIAC 2026 en León: Maximalía Musical

Ciudad de México /
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Un par de las propuestas musicales que visitan nuestra ciudad como parte del Festival de Arte Contemporáneo en León que alcanza su vigésimo novena edición, ahora sustentada en la noción de saturación y vorágine que se vive en las sociedades contemporáneas en cuanto a información, acceso, abundancia: más es más y que sean bienvenidas más hibridaciones, combinaciones y elementos puestos en común para la creación. Como parte del cartel musical se podrán escuchar estas alternativas maximizantes que se imbuyen en esta tendencia de integrar sonidos, géneros y alternativas sonoras.

De sentirse en casa al peligro nuestro

Originaria de Pereira, Colombia, la aventurera sonora Lucrecia Dalt (1980) estudió ingeniería civil y trabajó en el campo de la geotecnia, experiencia que acaso le ayudó a entender la naturaleza de los suelos y las rocas para trasladar esas sensaciones a su propuesta musical que ha transitado de la electrónica, el folk y el pop a la experimentación de alcance cada vez más abstracta. Empezó a grabar con el colectivo conocido como Series, a través del cual publicó Acerca (2005), seguido del EP Like Being Home (2007), integrado por cinco cortes de orientación folk y de la mano de la productora y compositora alemana Gudrun Gut contribuyó con cuatro piezas para 4 Women No Cry (2008).

Siguió con el pausado Congost (2009) y se asentó en Barcelona; el más abstracto y rupturista Commotus (2012), considerado por la propia artista como una obra definitoria del rumbo estilístico que decidió tomar; el minimalismo oscuro de Syzygy (2013), ya habitando Berlín, y con Ou (2015), develando las prosibilidades siempre presentes ante la falta de certezas. Colaboró con Nicolas Jaar y con Aaron Dilloway con quien produjo Lucy & Aaron (2021) en clave trance; tocó atmósferas y creó inquietantes entornos sonoros en Anticlines (2018), ya abrazando la experimentación con elementos digitales de intrincadas formas que nos remiten a espacios liminales, montañas análogas y paisajes de extraña indiferencia. No era sólida (2020) siguió las transformaciones de Lia, una criatura líquida en vertiente analógica, acompañada de murmullos

Vendría el onomatopéyico ¡Ay! (2022), una de sus obras más logradas en la que tomó brillantes riesgos y, entre la geología previamente estudiada y el apunte extraterrestre, combinó elementos de la tropicalia y hasta del flamenco para insertarlos en su avant-garde de esencia globalista: fue el disco del año para la revista The Wire. Ya en Nuevo México, al lado de su pareja, el legendario david Sylvian quien participó, al igual que Juana Molina y Camille Mandoki, en el más personal e íntimo A Danger to Ourselves (2025), conformado por canciones bilingües tratadas a partir de ciertos efectos de grabación que las convierten en piezas por descubrir, tanto desde las letras hasta la forma de entretejer las secuencias y veredas con rítmicas intervenidas y vocales por momentos fantasmales.

En cuanto a su labor para acompañar series y filmes, se ha dejado escuchar con notable capacidad para la creación de atmósferas acordes a las propuestas visuales, argumentales y de géneros diversos en Cactus Blossom (2019), corto de Samir Oliveros; Sense Sostre (Cabot y Garrido, 2019), sobre un vagabundo en Barcelona; Catábasis (de Miguel, 2020); en el corto Abrir monte (Rojas Arias, 2021); The Seed (Walker, 2021), entre el terror extraterrestre; en la serie The Baby (Gaymer y Robins-Grace, 2022) de HBO; On Becoming A Guinea Fowl (2024), dirigida por Rungano Nyoni y Rabbit Trap (Chainey, 2025), justamente sobre una pareja que intenta grabar un disco pero que capturan un sonido que lo trastoca todo.

Una última noche para encontrar el rizoma

Formados en el entonces Distrito Federal a principios del siglo XXI, Austin TV es un grupo con varios cambios de alineación que se ha orientado a un enfoque básicamente instrumental -con algunos pasajes verbalizados- que integra elementos de artpop, jazz, progresivo, punk, math y postrock para crear espacios sonoros que transitan por estados de ánimo diversos, desde los apuntes épicos a la Mogwai, hasta los tapices de pausa y reposo, pasando por momentos revulsivos que se engloban en un determinado concepto que conduce cada uno de sus álbumes y presentaciones, en las que acostumbran utilizar máscaras para enfatizar que lo importante es la totalidad o la interioridad, no sólo un rostro.

Debutaron con el EP Austin TV (2002), disco de iniciación integrado por cinco cortes en los que pasamos de disfrutar la suavidad de la lluvia a detectar al satélite que flota con cambios de ritmo y cierta psicodelia, entre guitarras fluidas y samples; siguieron con La última noche del mundo (2003), su primer largo de aliento bradburiano desarrollado sobre una mirada cienciaficcional con una niña como protagonista, cual viaje para volver al futuro con particulares cabezas de conejo y huyendo del veneno para las hadas, acaso para encontrarse en algún punto no tan remoto con el Señor Galaxia.

Después de Asrael (2004), conformado por lados B y algunas interpretaciones en vivo en las que denotaban avanzado nivel de compenetración, presentaron Fontana Bella (2007), álbum que acompañó la historia de un hombre solitario que tuvo experiencias paranormales y, tras morir un 2 de noviembre, voló al cielo guiado por secretos de luciérnagas, voces iluminadas y algunas deidades presentes; a partir de aquí se dieron a conocer ante públicos más amplios y fueron consolidando la emotividad e intensidad de su propuesta, potenciada por las presentaciones en vivo en las que usaban máscaras con forma de hojas o bien de xoloitzcuintles, recordando que los perros producen temblores.

El enriquecido álbum doble Caballeros del albedrío (2011), cuyas dos partes se titularon Séeb y Han, incluyó un espíritu lynchiano de extravío carretero, así como la participación de Natalia Lafourcade y Emmanuel del real (Café Tacuba), quienes se suman a los lances aventureros que pasan por episodios de sobresaltos armónicos y pistas de carácter más reflexivo, apostando al contraste que implica la decisión libre y abierta. Después de una larga ausencia discográfica volvieron en plena forma a través de Rizoma (2023) con las guitarras de Acky y Názari, el teclado de Chiosan, también colaborando en los samples, y la base rítmica con Rata en el versátil bajo y Xnayer en la batería y otros recursos, además de la presencia del violonchelo de la guatemalteca Mabe Fratti. Por no dejar, entregaron el EP Indra (2025), acaso para mostrar que la vuelta al ring enmascarado puede ir más allá de un solo álbum.


  • Fernando Cuevas
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