Fernando Fabio Sánchez
  • La vida que ya no está

    Espero que hayan tenido una muy buena semana de fiestas. Con el fin de 2025 sumamos ya un cuarto de siglo. Increíblemente, nos alejamos de los paradigmas culturales del siglo XX y nos adentramos en otra era.
  • Una luz que alumbra nuestra era

    Nos acercamos al fin del año, y para cerrar esta serie sobre la mitología lunar, presento dos breves relatos sobre Ixchel, conservados en la tradición oral y en la memoria colectiva, recreados libremente.
  • Luna menguante: Ixchel mayor

    Parafraseando la famosa frase: Ixchel es la destructora —y la creadora— de mundos. Una deidad que ha alcanzado, a lo largo de la edad, el dominio de su energía femenina.
  • Luna creciente: Ixchel joven

    El tejido era una forma de organizar el tiempo femenino. Determinaba el discurrir doméstico, ritual y físico, en conjunción con la gran hermana o madre (Selene, Coyolxauhqui, Ixchel).
  • El esplendor lunar anterior al mito

    Alcé la mirada hacia la Luna, la gran Luna: la nitidez de una circunferencia, la intensidad de una luz que no arde, el conejo de perfil, reflejando la vida de la Tierra.
  • Ixchel, la adoración lunar

    Al explorar el territorio, encontraron estatuillas de “las diosas de aquella tierra, como Aixchel, Ixchebeliax, Ixbunic, Ixbunieta”, todas advocaciones asociadas al culto lunar, al acto de tejer, al nacimiento y al agua.
  • Ixchel, la diosa de la claridad lunar

    Cuenta Fray Bartolomé de las Casas en su “Historia Apologética Sumaria” que, según una creencia del altiplano guatemalteco, en el origen no había ni cielo ni tierra, ni sol, ni luna, ni estrellas. Existió una pareja divina, cuya genealogía anterior s
  • Coyolxauhqui revivida

    La diosa lunar confirmó las sospechas de Manuel Gamio al inicio del siglo XX: que debajo de la gran ciudad se encontraba otra y, en especial, el Templo Mayor.
  • Coyolxauhqui, la luna que apareció en la ciudad

    En una fría madrugada de febrero de 1978, un trabajador de la compañía de Luz y Fuerza excavaba en el Centro Histórico de la Ciudad de México para instalar un transformador eléctrico. De pronto, su pala topó con una superficie dura. Al escarbar con l