Cervantes: el escape (4)

  • 30-30
  • Fernando Fabio Sánchez

Laguna /

Cervantes intenta una cuarta fuga. Con los fondos otorgados por el valenciano Onofre Exarque, busca huir en una fragata falsa junto con 60 de los prisioneros cristianos más importantes del establo. 

No obstante, la historia inmediata y lejana se vuelve imponer: un renegado, el hijo de un matrimonio judeo-morisco, el Dr. Juan Blanco de Paz, revela las intenciones de Saavedra y recibe un escudo de oro y una hoya de aceite como recompensa. No ser parte de la lista final incita la traición.

Asustado, Exarque ofrece pagar con su propio dinero el rescate de Cervantes y embarcarlo hacia España con el primer boleto disponible. 

Sin embargo, el cautivo sale de su escondite y se declara único responsable. Así, con las manos atadas y un lazo al cuello, Cervantes —otra vez— se enfrenta con el pasha.

El monarca, llamado Hassan, le perdona la vida por el momento. Lo recluye por 5 meses en una de sus prisiones, haciéndolo creer que está en la fila hacia el ahorcadero. Pero Dali Mami, el corsario poseedor “legal” de nuestro héroe, regresa de uno de sus viajes y Hassan Pasha, sí, el mismísimo rey de Argel, compra a Cervantes por 500 escudos de oro.

¿Qué está pasando aquí? ¿Es que se ha creado ya una relación entre rey y esclavo? ¿Era él quien lo protegía? ¿Nos encontramos, lejos de la madre patria y de las reglas obstinadas de la conducta, ante una atracción homo romántica? Canavaggio apunta que, una vez alcanzada la libertad, Cervantes fue acusado de insultos a la moral. ¿Se referían a esa fascinación mutua entre captor e incorregible fugitivo?

Hemos entrado muy profundamente en la intimidad de Saavedra. Es posible que Saavedra vio, en aquellos jardines-cuevas-prisiones, los límites de la creación y de sus habilidades para enamorar; y lo hizo no sólo para sobrevivir sino también para experimentar en los cuartos de su propia existencia. Es probable que el cautiverio en Argel fue su más intenso laboratorio del cuerpo, de la imaginación y del alma.

¿Podríamos decir que Cervantes allí empezó a seducir el tiempo, que Don Quijote, encumbrado en la inmortalidad, iba a enamorar hasta nuestros días?

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