El anciano que buscó un Estado

  • 30-30
  • Fernando Fabio Sánchez

Laguna /

El heredero de Zumpango se casó con la mexica Tiacapantzin, luego de la batalla del tzompantli, como vimos en la entrega pasada.

De esta unión nació Huitzilihuitl, 'pluma de colibrí', en Tizayocan, siete años después. El espíritu cromático del dios guerrero se había hecho carne.

Los hijos de Meztli continuaron su peregrinación en el Valle de México. Su propósito ya no era solo viajar o hacer la guerra para sobrevivir.

Deseaban —como los granos de maíz del tzompantli lo sugirieron— transformarse: fundar un Estado.

Según la “Tira de la Peregrinación” y el “Códice Azcatitlán”, pasaron por Xaltocan, Ecatepec, Acalhuacan y media docena de sitios más, hasta llegar a Chapultepec.

Huitzilihuitl se convirtió en un guerrero notable durante estos años. Peleó junto a su padre —ya integrado a los mexicas— contra otras tribus.

Para ese entonces, los mexicas estaban diseminados en varios señoríos alrededor de los lagos, como Azcapotzalco y Culhuacán.

Trabajaban como constructores —eran famosos por su habilidad— y como guerreros mercenarios.

Huitzilihuitl ascendió a cacique hacia 1272, sucediendo a su padre.

El propósito para el que había nacido no se había concretado todavía.

No obstante, los mexicas seguían desarrollando su tecnología chinampera en la región. Absorbían el trazo urbanizador de las culturas ancestrales casi inadvertidamente.

Se preparaban para un nuevo capítulo en su larga travesía.

Así, años más tarde, llegaron a Chapultepec.

Pero su problema, para ese momento, era doble.

Los mexicas eran percibidos como arrogantes y belicosos, lo que produjo una profunda animadversión en el valle.

Pero más grave aún: no contaban con un linaje real que los vinculara a los toltecas, descendientes de Quetzalcóatl.

Es verdad que los mexicas eran chichimecas como los toltecas, pero habían erigido su legitimidad únicamente en su dios tutelar Huitzilopochtli.

Eran hijos del divino Meztli, pero huérfanos en la dimensión humana del poder.

El caso contrario ocurría con los culhuacas.

Estos, ubicados en su ciudad-Estado Culhuacán, en la península occidental del lago de Xochimilco, al pie del Cerro de la Estrella, habían heredado el señorío de la antigua civilización y reinaban sobre el Valle de México.

Por lo mismo, los mexicas no podían reclamar un territorio para establecer su altépetl, 'agua-cerro', un centro religioso sacralizado por un milagro, y que fuera gobernado por un linaje legítimo, reconocido por sus vecinos.

Pero los mexicas intentaron fundarlo con los elementos que poseían: su dios, su ética guerrera y la línea real que habían creado en Zumpango.

El lugar elegido fue Chapultepec, en la orilla occidental del lago de Texcoco.

Para entonces, Huitzilihuitl ya era un hombre mayor, como aquel sabino que se partió en el norte.

Por eso los cronistas lo llamaron Huehue Huitzilihuitl, 'Huitzilihuitl el Viejo', para distinguirlo del gobernante de Tenochtitlan que llevaría su nombre un siglo después.

¿Quiénes vivían en Chapultepec? ¿Qué papel jugaría Huehue Huitzilihuitl? Lo leeremos en la siguiente entrega.

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