Las realidades paralelas (2): la portería

  • 30-30
  • Fernando Fabio Sánchez

Laguna /

Estábamos mi estudiante y yo charlando a través de Zoom; él desde un laboratorio de la universidad donde trabajo en los EU y yo en México.

Hablábamos de la historia de los mundos paralelos de Jorge Luis Borges: “El jardín de senderos que se bifurcan”.

“¿Cuál es la base científica de esa historia?”, me preguntó.

“Como sabes”, respondí, “la física se divide en dos: la física newtoniana que predice el comportamiento de las cosas y la física cuántica que describe el comportamiento de los átomos”.

“Sí”, asintió él.

“Según la física newtoniana”, continué, “es posible predecir el movimiento de un balón de futbol que va hacia una portería (eso le dije porque el estudiante es aficionado del Real Madrid). ¿Verdad?”.

“Sí”, me respondió con una sonrisa.

“Y el portero puede apresar el balón con las manos o, si éste lo supera, el balón entra al fondo de la portería, ¿no?”.

El estudiante quería gritar “¡gol!”.

“Ya sé que todo esto es muy emocionante”, acepté, “pero volvamos al tema. La teoría cuántica predice que los átomos se comportan de forma distinta. ¿Cómo es posible, si todo, incluyendo nuestro cuerpo, está formado de átomos?”.

“Esta es, ya lo sé, una paradoja”, dije. “Y pensemos que estamos ante la portería y que, en vez de un balón, lanzamos un átomo, una partícula. ¿Sabes lo que pasa?”.

El estudiante me respondió orgulloso: “Sí, es imposible predecir adónde irá”.

“Así es”, afirmé. “La partícula se dirige a todos los espacios de la portería y también hacia fuera de ella. La partícula es una probabilidad. Pero no es solamente una. Es, increíblemente, todas las posibilidades a la vez”.

“Según la mecánica cuántica”, continué, “nuestra realidad sería como esa partícula que va hacia la portería y que existe en cada momento de la posibilidad, simultáneamente”.

“Ahora comprendo”, dijo el estudiante. “Por eso el personaje ve todas las versiones de sí mismo según el número de decisiones que podría haber tomado”.

Continuamos conversando y al cabo de unos minutos terminamos la reunión.

Más tarde volví a pensar en la botella que había perdido luego del eclipse del 8 de abril. ¿En realidad se había quedado en otro mundo? La respuesta era más compleja.

Había un mundo en que la hallaba y otro en que nunca la había extraviado. Había otro mundo en que nunca la volvía a encontrar...

El número de mundos era proporcional al número de posibilidades y todos los mundos existían a la vez.

Pero ¿dónde estaban esos mundos?

Estimado lector, nos encontramos la próxima semana (en esta realidad) para seguir reflexionando sobre estas increíbles paradojas.


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