Los hijos de Meztli

  • 30-30
  • Fernando Fabio Sánchez

Laguna /

La semana pasada leímos el sacrilegio de color de los cuatrocientos mimixcoas, las estrellas de la vía láctea. Hoy conoceremos su castigo.

Resulta que, de la misma cueva original, emergieron otros cinco hermanos: Quauhtliicohuauh, la dualidad del águila y la serpiente; Mixcóhuatl, la serpiente de nube que atraviesa el firmamento; Cuitlachcíhuatl, la mujer que es loba y osa; Tlotépetl, el cerro donde anida el gavilán, y Apanteuctli, el soberano de las corrientes y canales.

De inmediato, se sumergieron en el agua y, al salir, les dio de mamar Meztli, la deidad lunar en su aspecto masculino, el Señor de la Tierra.

Así les confirió el dominio sobre los caminos y combates. 

Fueron criados como guerreros de los tres elementos del orbe, y se llamaron mecitin (el pueblo de Meztli): mexicas, mediadores entre el mundo y el Sol.

El Sol los convocó.

—Miren, hijos míos. Ahora deben destruir a los cuatrocientos mimixcoas, que no se dedicaron a cuidar de nuestra madre y nuestro padre.

Los armó con flechas de tzihuactli, un agave del desierto, y les dio escudos fuertes y austeros —como las flechas—, sin color.

En seguida, el grupo se formó en torno a un mezquite.

Desde allí vieron a sus numerosos hermanos y dijeron:

—Tendremos que hacer la guerra a esos que son como nosotros.

Del otro lado, los mimixcoas observaron al escaso grupo. Impetuosos, se lanzaron en estampida.

Pero las artes de combate de estos cinco hermanos eran sagradas y secretas. Estaban dotados del poder de la transformación, como un chamán-sacerdote en trance.

Quauhtliicohuauh, con su cualidad de reptil y ave, se metió en un árbol.

Mixcóhuatl, en forma de serpiente nubosa, penetró la tierra.

Tlotépetl, fiel a su nombre, se encajó como un gavilán en un cerro.

Apanteuctli, el acuoso, se quedó suspendido sobre la superficie de un arroyo.

Finalmente, Cuitlachcíhuatl, la hermana mayor, transformada en loba y osa, se paró en el juego de pelota.

Cuando los mimixcoas creían haber rodeado a sus hermanos, ya nadie estaba alrededor del mezquite.

De inmediato, crujió el árbol y Quauhtliicohuauh apareció desde dentro, desgajando el tronco para aplastarlos.

La tierra tembló cuando Mixcóhuatl brotó de sus entrañas, y el cerro se partía, precipitando las piedras sobre ellos, al irrumpir Tlotépetl desde el corazón de la roca.

El agua hirvió por obra de Apanteuctli, quemándolos, mientras la hermana mayor Cuitlachcíhuatl, vigilante del portal entre los mundos, devoraba a los mimixcoas que intentaban huir.

De esa manera los vencieron por completo.

En medio del silencio, sirvieron de comer y de beber al Sol: corazones y sangre, flores y agua sagrada. El equilibrio estaba consumado.

¿Qué papel tiene el desierto en esta batalla sagrada? ¿Cómo fundó la identidad del pueblo guiado por Huitzilopochtli, manifestación solar?

Continuemos en la siguiente entrega este resguardar del Mundo Flor y el camino cromático de los hijos de Meztli hacia el sur.

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