Las metamorfosis: Deucalión y Pirra, únicos sobre la tierra (2)

  • 30-30
  • Fernando Fabio Sánchez

Laguna /

La diosa Temis expresó el oráculo frente a Deucalión y Pirra:

“Salgan de este templo. Coloquen un velo en su cabeza. Desaten las amarras de su túnica. Y arrojen los huesos de la gran madre tras su espalda”.

Ellos se quedaron allí, sumidos en la duda por un tiempo.

Fue Pirra quien rompió el silencio y rehusó acatar las palabras de la diosa. Lo expresó con labios temblorosos y lanzó una oración, implorando perdón.

Le causaba mucho más miedo ofender las sombras de la gran madre, arrojando sus huesos tras la espalda.

Los dos, Pirra y Deucalión, examinaron las palabras del oráculo, repitiéndolas una y otra vez, intentando rescatarlas de su oscuro entresijo.

Al final, el hijo de Prometeo consoló a la hija de Epimeteo con las siguientes palabras:

“Ya que el oráculo es sagrado y nunca comunica la maldad, me atrevo a decir que la gran madre es la Tierra, y las piedras, los huesos”.

Pirra se conmovió al escuchar las conjeturas de su esposo. Pero ambos se hallaban todavía inseguros si debían confiar en la revelación divina.

¿Qué daño haría acatar lo indicado?

De manera que salieron del templo, se cubrieron la cabeza, desataron las amarras de su túnica y arrojaron las piedras, caminando, tras su espalda.

¿Quién hubiera creído lo que ocurrió después?

Las piedras empezaron a perder su rigidez y se ablandaron. 

Cambiaron de forma. 

Aumentaron de tamaño, mutando su naturaleza mineral. Entonces revelaron la apariencia de cierta figura humana.

La forma no estaba muy bien definida ni completa, como una estatua que aparece rudamente del mármol.

Las partes de humedad y tierra se volvieron carne. Las partes rígidas formaron los huesos. 

Lo que había sido vena permaneció igual y con el mismo nombre.

Así, por decisión divina, las piedras que arrojó Deucalión se transformaron en hombres, y aquellas que lanzó Pirra, en mujeres.

Y como nacieron de la piedra, aquellos seres humanos resultaron férreos para el trabajo duro.

*Traducción y selección personal de “Metamorphoses”: Ovidio (Hackett; trad. Stanley Lombardo).

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