El 5 de febrero, el 24 de febrero, el 18 de marzo, el 21 de marzo, el 1° y el 5 de mayo, el 16 de septiembre y el 20 de noviembre, son fechas fijadas por el gobierno, siendo algunos días de descanso obligatorio; aunque el cinco de febrero Día de la Constitución, se cambió para el primer lunes de ese mes; el veintiuno de marzo, Día del Natalicio de Benito Juárez, se cambió para el tercer lunes de ese mes; y el veinte de noviembre, Día de la Revolución, se cambió para el tercer lunes de ese mes.
En cambio, el movimiento estudiantil-popular, que inició el 22 de julio de 1968, con un pleito callejero entre estudiantes de las vocacionales 2 y 5 del Instituto Politécnico Nacional IPN y de la preparatoria Isaac Ochoterena incorporada a la Universidad Nacional Autónoma de México UNAM, cerca de La Ciudadela y de la Secretaría de Gobernación, en la Ciudad de México; y que culminó el 2 de octubre; no fue festejado por el gobierno sino hasta el 2019, en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.
Fueron los estudiantes, los trabajadores, los campesinos, los profesionistas, los intelectuales y las personas progresistas, quienes desde entonces han recordado ese movimiento como un alto a las represiones del gobierno; al grado de que en los últimos años ha resultado al revés; pues unos vándalos que se han filtrado con los estudiantes para festejar el 2 de octubre, han atacado a los policías que salvaguardan a las personas, a los negocios, a los edificios en cuyos alrededores se congregan.
La abstención de la policía de reprimir a los vándalos que se infiltran en las manifestaciones legitimas de los colectivos de buscadoras, de los maestros, de los trabajadores, de los campesinos y de todos los ciudadanos que protestan por causas justas; es un estigma del gobierno que viene arrastrando desde el 2 de octubre, refrendado el 10 de junio de 1971, con “El Halconazo” del Jueves de Corpus.
Para que no se le tilde de represor el gobierno no toca ni con “el pétalo de una rosa”, a atacantes de gente inocente en las manifestaciones, a destructores de edificios históricos con mucho valor arquitectónico y a quienes dañan establecimientos comerciales que contribuyen a la economía del país.
Para que este 2 de octubre no se vea empañado por hechos reprobables, los mismos estudiantes que se manifiesten para celebrarlo, deben de impedir a toda costa que no se les infiltren vándalos destructores para que mantengan el orden.
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