Hemos usado eufemismos muchas veces, principalmente en las conversaciones adultas, sin embargo, en la actualidad se usan como una forma tan común que pocos se dan cuenta de ello.
Su uso permite suavizar la conversación, pero cuando se utilizan para evadir realidades duras y crudas que impidan generar una conciencia real, ya se ha traspasado un límite para adormecerla.
Emplearlos con niños resulta muy útil para evitar explicaciones complicadas o dolores innecesarios y hasta alimentar su fantasía.
Sin embargo, en conversaciones adultas, evitar hablar con claridad deja encubierta la realidad escondiendo la verdad.
Ahora bien, los principales usuarios de las redes sociales suelen ser jóvenes, que han aprendido un lenguaje censurado para publicar sus pensamientos y, muchas veces, consideran una grosería nombrar a las cosas como son.
De hecho, existen una serie de palabras que no se pueden escribir sin ser limitados en la red y por las que, incluso, se utilizan caracteres intercalados para evitar poner la palabra directa.
Es notable, entonces, que ahora se normalicen tantas situaciones que, en otro tiempo, con un vocabulario y criterio más amplio, nos pondrían a pensar.
Y es que los eufemismos se escuchan y leen con tanta frecuencia que casi han borrado las palabras concretas y, por tanto, las consecuencias reales.
Se utilizan para aceptar y hasta legalizar asuntos inmorales en lugar de atenderlos verdaderamente.
Ahora resulta que lo que sucede en la cotidianidad ya no es tan malo, aunque vivamos en un caos.
Los niños los están aprendiendo desde pequeños, incorporándolos a su lenguaje para evitar ser impopulares o ser considerados groseros.
Ampliarles el vocabulario sería mucho más útil y enseñarles a desarrollar el pensamiento crítico para utilizarlo adecuadamente, en lugar de limitarlos a frases que enmascaran la realidad.
Hemos estado construyendo un entorno limitado, donde hablar con las palabras precisas puede significar ser etiquetado como intolerante.
Flor.vargas@iberotorreon.mx