Dos análisis recientes sobre la economía mexicana han causado un cierto revuelo en la conversación pública. En parte, esto se explica por los autores de dichos trabajos. Se trata, ni más ni menos, que de dos reconocidos exsecretarios de Hacienda: Pedro Aspe (1988-1994) y Guillermo Ortiz (1994-1997). Ortiz fue, además, gobernador del Banco de México de 1997 a 2009.
El trabajo de Aspe fue una presentación que realizó en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, la cual fue traducida y sintetizada en la revista Nexos del mes de julio. El análisis de Ortiz fue publicado originalmente en Project Syndicate y ha sido reproducido en el sitio de Letras Libres. Este trabajo se titula “El espejismo económico del gobierno de México”, al que aludo en el título de la columna.
No es mi intención discutir todas y cada una de las cifras que utilizan los autores. En buena medida porque prácticamente todas ellas son ciertas y, hasta cierto punto, correctas. El problema que tengo con ellos no es de datos sino de relatos. Según Aspe, la economía mexicana se dirige al “estancamiento permanente” debido “al colapso de la inversión y la productividad negativa”. Según Ortiz, hay “fragilidades ocultas” en los indicadores económicos.
Considero que la visión de ambos es un tanto catastrofista, además de ser injusta e incompleta. Prácticamente no reconocen avances y tampoco consideran el complejo entorno internacional de años recientes. Para ellos, ni la pandemia ni Trump parecen haber existido. La significativa reducción de la pobreza que ha ocurrido en años recientes ni siquiera la mencionan. Comparto con ambos autores la preocupación sobre el bajo crecimiento, la precariedad de las finanzas públicas y la debilidad y riesgos de Pemex. No comparto, sin embargo, su balance del entorno económico actual.
No me parece un espejismo la estabilidad y resiliencia que ha demostrado nuestra economía frente a la compleja situación internacional. El dato de inflación anual más reciente es de sólo 3.1 por ciento y el tipo de cambio se ha apreciado más de 10 por ciento de 2018 a la fecha. En contraste, entre 1989 y 2009, periodo en el que ambos economistas fungieron como autoridades económicas, la inflación promedio anual fue de 13 por ciento y el tipo de cambio se multiplicó casi por 6.
Tampoco es un espejismo la reducción de la pobreza que ha ocurrido recientemente. En el mismo número de la revista en la que se publica el trabajo de Aspe, se incluye un análisis de largo plazo de la pobreza por ingresos en México. Según ese artículo, la tasa de pobreza en México se mantuvo prácticamente estancada entre 1989 y 2010 (53.5 por ciento y 52 por ciento), lo que implicó un aumento de 15 millones de personas pobres en el país. En contraste, entre 2018 y 2024 la tasa de pobreza se redujo de 49.4 por ciento a 35.4 por ciento. Esto implicó, casualmente, que justo 15 millones de personas salieran de la pobreza en el país.
No, no es un espejismo ni la estabilidad económica del país ni los logros sociales de la política económica reciente. Y sí, es cierto, ha habido bajo crecimiento, pero ahora al menos éste ha sido de carácter incluyente. Aún hay mucho por hacer, pero no hay que demeritar lo logrado ni menospreciar el complejo entorno en el que ha tocado navegar.