El país enfrenta grandes retos en materia económica y social: hace falta crecer más rápido, generar más empleos formales y mejorar el bienestar de las familias mexicanas. El entorno internacional es muy complejo en lo político y lo económico. Lidiar con un impredecible y ambicioso presidente estadunidense no es cosa sencilla. En este contexto, uno pensaría que todas las fuerzas y energías del gobierno deberían concentrarse en atender estos asuntos. Sin embargo, esto no es así. Nunca falta un tema polémico que polariza, que distrae y que desgasta en forma innecesaria. Los actores que promueven estos temas quizá creen que ayudan. Al contrario. Pongo tres ejemplos recientes.
Lineamientos ambiguos. La emisión de unos lineamientos para la defensa de las audiencias, seguramente bien intencionados, pero también ciertamente ambiguos, desataron una oleada de denuncias de censura por parte de múltiples actores. Esto no se circunscribió únicamente a políticos opositores o a periodistas permanentemente críticos, sino que incluso llevó a la propia Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión (CIRT) a manifestar su preocupación. Los lineamientos seguramente terminarán siendo modificados. Lo peor es que esto era previsible: un debate similar ya había ocurrido cuando se presentó la propuesta de reforma a la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión en 2025. ¿Quién no aprendió de aquella lección?
Ceci n’est pas une liste. La semana pasada se difundió una lista de periodistas, opinadores y políticos a los que se vinculó con un presunto ecosistema de medios, el cual, según el análisis realizado en una oficina presidencial, contribuye a amplificar artificialmente mentiras y ataques al gobierno. Esa lista no abona a nada y sólo contribuye a enrarecer el ambiente y la conversación pública. Fue un error tan craso que en forma inmediata se tuvo que salir a aclarar que no se trataba de una lista y que los allí mencionados no necesariamente formaban parte del ecosistema que se estaba denunciando. La aclaración resultó tan surrealista como el famoso cuadro de Magritte en el que aparece la imagen de una pipa y la expresión “Ceci n’est pas une pipe” (Esto no es una pipa).
Reina por un día. Un empleado del Fondo de Cultura Económica (FCE), Víctor Santana, denuncia expresiones homofóbicas por parte de una compañera de trabajo. El director del FCE, Paco Ignacio Taibo II, afirma haber reprendido a la parte acusada y sugiere continuar colaborando como si nada. El ofendido, insatisfecho, exige una disculpa pública y lleva el caso ante el Órgano Interno de Control. Taibo, molesto por esta denuncia, expresa en diversos espacios su molestia contra el denunciante y lo llama “pequeño personaje con muy poco valor humano”, le llama “vil y pinche calumniador”, se refiere a un grupo que lo apoya como “colectivo gay analfabeta” y afirma que no hay que hacerle caso al denunciante porque puede volverse protagonista de “reina por un día”. Quizá el FCE no es homofóbico, pero las expresiones de su director sí que lo son.
Estos tres ejemplos ilustran en lo que estamos y en lo que perdemos el tiempo: en debates y polémicas innecesarias, pero que polarizan, desgastan y distraen de lo importante.