71 años y me parece que la vida, a pesar de estar trepado en el ring desde muy pequeño, ha sido muy generosa conmigo. Uno tiene su concepción del mundo, sus propósitos, sus esperanzas, su lucha; sabe que la revolución humana está en marcha, que es el curso de la Historia, que el ser humano un día será eso, un ser humano; uno está al corriente de todo ello pero hay momentos en que se detiene, reflexiona y se hace mil preguntas.
Ha habido momentos de profunda soledad, propios de todas las personas, trágicos y saludables a la vez, porque indican que se está vivo. Es la tragedia de la vida, tan corta dentro del proceso de la Historia y tan corta a su vez en la Historia del Universo.
Desde muy temprana edad he vivido procesos y situaciones difíciles, complejas, duras de aceptar, que a la vez, al transformar el veneno en medicina, me apartaron de triunfalismos superficiales que me hicieran ver determinados aspectos del mundo como un paraíso.
Lo importante ha sido aprender a pensar, a ser crítico, a ser congruente, cuestiones por las que se paga un precio muy alto, pero que ha valido la pena. A lo largo de estos años he contado con parejas, compañeros y amigos que me han ayudado a cargar el equipaje, relaciones que lejos de ser frívolas, han sido profundas y no de un día, lazos indisolubles hechos con mucho esfuerzo, con muchas experiencias vividas en común, muchos obstáculos vencidos porque la amistad y el amor no son mercancías que se encuentran en los grandes almacenes cuando a uno le da la gana, sino valores muy distintos que se dan en circunstancias muy especiales.
Hago referencia de nuevo a Simon y Garfunkel en la canción “The bóxer”: “Entre tanto ha surgido un boxeador que pelea por sus ideas y lleva las cicatrices de todos los guantes que lo derribaron o hirieron hasta que sollozó lleno de coraje y vergüenza: abandono, tiro la toalla…Pero el luchador aún sigue en pie”
Gracias, muchas gracias a quienes me felicitaron.
lonxedaterra@hotmail.com