Gil decidió dar un hachazo a la semana política y buscó, nomás por buscar, algunas iluminaciones en uno de los tomos de los Diarios de André Gide que encontró en uno de los entrepaños de sus libreros (Debolsillo, 2022). Se sabe, los Diarios de Gide son una obra mayor de la literatura francesa. Gamés abrió el cuarto tomo: 1936-1950, el de la guerra y la vejez de Gide. Esta es la pesca del día:
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27 de agosto de 1938
Bueno, voy mejor; incluso me siento todo lo bien que razonablemente puedo esperar estar a la edad que tengo. Para trabajar de verdad, quiero decir: para entregarme a un trabajo productivo, sólo me falta la soledad. Em. sabía milagrosamente, aunque estuviera a mi lado, envolverme en un armonioso silencio en el que mi pensamiento podía fluir sin ruptura; nunca he hecho nada válido sin un esfuerzo largamente continuado.
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30 de agosto de 1938
Días demasiado cortos. Vida demasiado fácil. No hago nada que valga la pena.
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25 de octubre de 1938
Ayer, en casa de los Valéry; almuerzo exquisito y agradable. Me siento mucho más cómodo con Paul desde que he aprendido a limitar los daños de su conversación. Su extraordinaria inteligencia le da, a él más que a nadie, derecho a despreciar. Pero ahora sé, mejor que tiempo atrás, apartarme de su superioridad aplastante. O, mejor dicho: me afectan menos algunos de esos desdenes y que no reconozca ningún valor a las cosas que no son de curso legal en su mercado.
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21 de noviembre de 1938
Me he despedido. Por más valiente que aún me sienta, ya lo considero todo a distancia; cada despertar (sobre todo los de después de la siesta) me devuelve aquí con más pena desde un poco más lejos, y tengo que hacer mayores esfuerzos para liberarme, cada vez peor, de un sueño que cada vez me atrae más. Recuerdo aquella época en que saltaba de la cama, y armado de los pies a la cabeza… Hoy, al despertar, me vuelve la angustia, al contemplar la espesa nube que se extiende horriblemente sobre Europa, sobre el universo entero. Mi optimismo no es lo bastante egoísta para superar esa angustia. Lo único que veo por todas partes es una promesa de muerte para todo lo que aún es querido y para aquello por lo que vivimos. La amenaza me parece tan opresiva que habría que estar ciego para no verla y seguir esperando.
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4 de diciembre de 1938
A falta de un trabajo de producción, que la vida desquiciada de París no me permite, empleo mi impaciencia en corregir las galeradas de mi Diario para la Biblioteca de la Pléiade.
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Hay partes en las que me gustaría añadir algunas notas. Por ejemplo, leo con fecha del 22 de agosto de 1930: «Esta indulgencia a la que nos invita el amor, que no saca de nosotros lo mejor, sino lo que más puede gustarle al otro; lo realzas menos a él de lo que él a ti te rebaja…».
Mantengo esta reflexión que, en la mayoría de los casos, ay, me parece justa. Pero quiero matizar que cuando la escribí no me refería a mí mismo; a Em. yo sólo podía ofrecerle lo mejor de mí, y, si a veces pude sentirme trabado por mi amor, este error venía de que lo menos bueno ocupaba en mí mucho espacio.
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10 de mayo de 1940
Hay algo de… romanticismo en el hecho de deplorar que las cosas sean tal como son y no de otra manera; es decir, como no pueden ser. Debemos basar nuestra sabiduría en la realidad, y no en la imaginación.
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21 de mayo de 1940
¡Cuánto me cuesta comprender que hay cosas que ya no tengo edad para hacer y que sería mejor que no lo intentase!
Lo cierto es que sí lo comprendo, pero sin convencerme. De manera que, a fin de cuentas, esas cosas las hago igualmente; pero me quedo casi reventado.
Escribo esto sentado junto a un camino, por encima de Vence, al regreso de una escalada azarosa y extenuante porque iba al margen de cualquier senda, a través de matorrales cada vez más espesos según me iba acercando a la cumbre, que no paraba de retroceder y que, finalmente, he renunciado a alcanzar.
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Como todos los viernes, Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras el mesero se acerca con la charola que soporta la botella de Grey Goose, Gamés pondrá a circular la frase de Gide por el mantel tan blanco: “Amar la verdad es no dejar que te ensombrezca”.
Gil s’en va