A Gil se le había quedado en el tintero, esos objetos que han desaparecido de nuestras vidas, comentar en breve la escena: más de medio gabinete se dio cita en el aeropuerto Felipe Ángeles. Gran expectación, nerviosismo, miradas que otean el horizonte, no faltó la que se mordió los nudillos. El presidente Liópez Obrador esperaba con ardiente paciencia. De pronto ahí estaba ante los ojos asombrados de los secretarios de Estado un gran avión amarillo con las grandes letras visibles: DHL. Aplausos del Presidente y lo que hace la mano hace la tras. Gilga pensó: todos ellos van a recoger sus envíos comprados en Amazon, razón por la cual abordaron sus austeros vehículos, tomaron la autopista a Pachuca y luego Tecámac y luego Santa Lucía. No, ésa (con acento) no era la razón; en realidad, el gabinete celebraba el vuelo que iniciaba el transporte de carga aéreo en el aeropuerto Felipe Ángeles.
Gil jura y perjura que la escena le habría servido a Ibargüengoitia para escribir dos o tres artículos: ahí estaban, emocionados, mordidos por la convicción, aplaudiéndole a un avión. Las buenas lenguas de Bajo Reserva, la columna de trascendidos de su periódico El Universal dejó correr la especie de que el avión ya había aterrizado y un piloto avezado lo hizo salir de un hangar como un actor que entra al escenario. El avión-actor agradeció al dilecto público, dijo su parlamento con un temperamento admirable y abandonó la escena. El Presidente estaba feliz, eso sí lo vio Gilga. ¡Hip-hip-hurra!
La amenaza
Liópez Obrador no toma nota de que las palabras del Presidente de la República no son las de un ciudadano común y corriente, o de un periodista, o incluso de un empresario. Después de infamar a la Presidenta de la Suprema Corte de Justicia, Norma Piña fue amenazada de muerte en las redes. Dirán la misa morena, que los conservadores subieron ese mensaje para dañar la imagen del Presidente y sus seguidores. En un gesto histórico, Gamés se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y caviló: ponga usted en una coctelera tres cucharadas de carácter irascible, cinco onzas de ademanes coléricos, un chorro de mentiras agrias, intemperancia al gusto y agite. Qué tenemos: el líquido concentrado del carácter del Presidente Liópez.
Gil lo leyó en su periódico MILENIO en una nota de Rubén Mosso: la ministra Norma Piña, presidenta de la Corte, llamó a los juzgadores a “ser guardianes de la Constitución”: “no son tiempos fáciles en ninguna parte del mundo, pero si actúan con responsabilidad, con prudencia de juzgadores, sin que se confunda con cobardía, todos saldremos adelante”. Como se decía antes: tenga para que se entretenga.
Algo le dice a Gilga que el Presidente ha hecho cuentas de los votos a favor y en contra del Plan B en la Suprema Corte y eso lo tiene enfermo. ¿O serán sólo (con acento) ensoñaciones calenturientas de Gil? Veremos quién masca barro.
La lista
Gamés lo leyó en su periódico La Jornada en una nota de Emir Olivares y Alonso Urrutia: “Entregaré a mi sucesor la lista de reformas pendientes para consolidar la 4T”. Gilga se frotó los ojos y leyó: “El Presidente López Obrador dejará a su sucesor una lista de reformas pendientes para consolidar la transformación, dos de ellas serán la transformación del Poder Judicial y la desaparición de los órganos autónomos”. Dijo Liópez: “pienso que está pendiente una reforma, que ya no me va a tocar a mí, pero sí voy a dejar una lista de las reformas pendientes”.
Gamés puso los ojos en blanco y la cabeza le dio vueltas como a la niña de El exorcista. ¿Qué le pachó al Presidente? Perengano, o Sutana, pasa por favor a recoger la lista de tus quehaceres sexenales. Mecachis, lo nunca visto.
Ahora mal sin bien: para que la lista llegue a manos de un sucesor o una sucesora primero tiene que ganar las elecciones, luego llevarse a casa el Congreso, después ponerse de hinojos ante su jefe, luego destruir al Poder Judicial y mil cosas más, cada una más autoritaria que la otra. Diantres, el Presidente corre, vuela y se acelera. En fon, veremos si la oposición y la sociedad pastan la hierba de la mansedumbre.
Todo es muy raro, caracho, como diría Beckett: “Todos nacemos locos. Algunos continúan así siempre”.
Gil s’en va
Gil Gamés
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