Como Gil suponía, el segundo Informe de gobierno de la presidenta Sheinbaum entró de inmediato por el túnel de la realidad alterna y salió a la luz de un paraíso de problemas resueltos. Los escandalosos casos de corrupción no existen, lo que hemos visto es una exhibición de honradez, austeridad y unidad de Morena.
¿O qué otra cosa ha sido el caso Rocha Moya y su banda? ¿La separación de Inzunza del grupo parlamentario de Morena? ¿Los negocios de los hijos del expresidente Liópez? ¿La detención de Corrales, el único testigo de la muerte de Melesio Cuén el día que Zambada cayó en la trampa del Chapito? ¿Los viajes frecuentísimos de Mara Lezama? ¿Los miembros de Morena metidos hasta el cuello en el huachicol fiscal? ¿La Barredora de Tabasco que comandaba un empleado de Adán Augusto López?
Pues con la novedad de que estos casos y muchos otros son una muestra de la unidad, la austeridad y la unión de Morena. Se sabe, los adversarios de la lista negra de María Luisa Alcalde emiten esos mensajes que se replican. Una locura mitómana, autoritaria y cínica, como los magos a los que se les ve el truco de la mascada o la paloma. La verdad de la mentira, el sello de la casa Morena, de Palacio Nacional y de la Presidenta.
Los logros y logras
Gilga no tiene que ser Schumpeter para saber que lo que la Presidenta ha llamado logros económicos son de papel: el PIB creció 0.7 por ciento en 2025, México no crece, casi se diría que decrece (¿cómo ven a Gil dándole al análisis económico?, Gil está caón).
Aquí vienen las fanfarrias, la lluvia de elogios que incluso los economistas críticos del régimen reconocen en el gobierno de Liópez y de Sheinbaum. Con ustedes: el aumento del salario mínimo y la pobreza que ha disminuido, eso dicen.
Qué extraño: en estos ocho años Morena y su proyecto de demolición ha destruido la salud, la educación, la cultura, le ha entregado estados completos al crimen organizado, se ha cansado de exhibir los casos más increíbles de corrupción, su autoritarismo ha subido de tono, hicieron añicos al Poder Judicial y a los órganos autónomos, capturaron al INE, compran votos repartiendo dinero, las grandes obras faraónicas han resultado un fiasco y los economistas entusiastas dan saltitos de felicidad por el salario mínimo que al fin y al cabo no les servirá para nada a quienes los reciben cuando se les enferme un integrante de la familia. En fon.
Regresemos a la honradez
La Presidenta fue a la fibra última de su discurso: “Mientras yo tenga el honor de servir como presidenta de la República, defenderé con toda firmeza nuestra soberanía, nuestra dignidad y nuestra independencia. Porque México es un país soberano y la soberanía no se negocia, no se entrega y no se comparte”.
A la Presidenta le ha faltado explicarnos si la soberanía es la visa de Andrés López Beltrán, o la defensa que ella misma hizo de Rocha Moya desde el inicio de las acusaciones del Departamento de Estado.
Y esta declaración no tiene desperdicio: “México es fuerte, tiene un pueblo extraordinario con un gobierno que es parte del proyecto de la cuarta transformación de la vida pública”. La Presidenta resaltó que sólo con honestidad se dan verdaderos resultados; por ello, el país está mejor y tiene un rumbo marcado por el pueblo, lo que permite entregar buenas cuentas y garantizar un futuro de bienestar para todas y todos los mexicanos: “Tenemos la responsabilidad histórica de garantizar el camino de la honradez y de un gobierno que esté al servicio del pueblo. Precisamente porque somos leales a esos principios podemos entregar buenas cuentas y garantizar un futuro de bienestar para todas y todos los mexicanos. No olvidemos nunca que la autoridad política y moral se escribe todos los días, esa no se adquiere ni con todo el dinero del planeta”.
Este breve informe del Informe ha querido mostrar una cadena de ficciones, deseos, sueños, mentiras, telones oscuros, retórica y demagogia.
Todo es muy raro, caracho, como diría Albert Camus: “La integridad no necesita reglas”.
Gil s’en va