Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil vio y oyó a la jefa de Gobierno, Clara Brugada: “en este caso, como gobierno de la ciudad, vamos a construir esas esculturas e instalarlas en otro punto de la ciudad. Seguramente algunos vecinos no estuvieron de acuerdo y la alcaldesa tampoco. Nosotros, como gobierno de la ciudad, sí estuvimos de acuerdo”. Construyan estatuas, carambas, nomás faltaba.
El gobierno de la Ciudad de México volverá a construir las esculturas de Fidel Castro y Ernesto Che Guevara y se instalarán en un punto distinto de la capital, luego de que el 16 de julio del año pasado, la alcaldesa de Cuauhtémoc, Alessandra Rojo de la Vega, ordenó retirar las figuras de tamaño real que se encontraban sentadas en una banca, ubicada en el jardín de la Plaza de San Carlos, en la colonia Tabacalera.
Gil leyó esta noticia en su periódico La Jornada en una nota de Mónica Bravo: “el secretario de Gobierno, César Cravioto Romero, indicó que la Secretaría de Cultura está a cargo de la creación del conjunto escultórico, conocido como Encuentro.
Brugada se pronunció a favor “de actuar poniendo por encima el diálogo con la población”, al mencionar que hay otro tipo de manifestaciones en las que “se trata de asuntos mayores como golpear a personas, destruir negocios, lugares particulares, en fin, pues lo que procede efectivamente es aplicar la ley, porque se trata de acciones más fuertes (…) Cuando se trata de pintas, pues aquí se da pie a dejar el derecho a la libre expresión. Eso ha sido en la Ciudad de México, ha habido libertad en eso”. En fon, no se entendió nada.
Héroes
Clara Brugada y su gobierno gastarán el dinero de la ciudad para construir, o como se diga, esculpir es una palabra complicada, dos estatuas de estos dos guerrilleros. Gil dice: ya estuvo bien de encumbrar a Fidel Castro, grandísimo dictador sangriento, homófobo, represor que hundió a su país en una tragedia humanitaria. Y no vayan a venir con la zarandaja de que la culpa es del imperialismo yanqui. Pues este tirano tendrá su estatua en la Ciudad de México.
Y Fidel compartirá espacio con Ernesto Che Guevara, otro símbolo intocable de aquellos años. Pues con la pena, pero el Che trae su cola asesina. En El socialismo y el hombre en Cuba escribió: “el odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar”. Ya en serio, ¿esto son los héroes de la cuatroté?
Hernán Gómez en Cuba
No sabemos cómo, pero Hernán Gómez viajó a Cuba para realizar un reportaje de la vida cubana hoy en día. El documental es interesante y habría sido un gran testimonio si la ideología no se le trepara a Gómez por el cuello. Mientras vemos indigentes, personas en situación de calle, Hernán Gómez dice: “Cuba está sometida a una campaña mediática en contra de su gobierno desde el exterior que es muy fuerte”. Dioses, 67 años de dictadura, Gómez, usted no había nacido.
Minutos antes hemos visto casas en las cuales no hay nada, nada. También hemos pasado por calles que son basureros y visto coches como carretas. Gil le propone a Hernán Gómez que viva un año en Cuba, lo dice en serio. Un año sin sus programas donde dice lo que le da la gana, sin su cómoda casa, sin sus tragos el fin de semana en algún antro o restorán. Si se anima, Gil puede ser testigo de calidad. Anímese, Hernán, ¿juega? Este documental pagado de Gómez es una vergüenza, una burla, una crueldad. Que le aproveche al periodista.
Y mientras, de este lado les construimos, que así se dice, estatuas al dictador Fidel Castro y al guerrillero, esa fría máquina de matar. ¿No estamos locos?
Todo es muy raro, caracho, como diría Mark Twain: “una mentira le da vuelta al mundo antes de que la verdad tenga tiempo de ponerse la botas”.
Gil s’en va