Bueno, ¿con quién hablo?

Ciudad de México /

Gil leyó: el escritor británico Johann Hari se sometió a una desintoxicación digital extrema para escribir El valor de la atención (Planeta). Utilizando las ciencias sociales, la neurociencia cognitiva y numerosos estudios en torno al sueño, a la concentración, al cansancio y a las consecuencias del uso de la tecnología, Hari escribió un libro en el cual se evidencia lo que el celular le está haciendo a nuestro cerebro. Subrayados a la orden del día.

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Twitter te hace sentir que el mundo entero está obsesionado contigo y tu pequeño ego: te ama, te odia, está hablando de ti en ese preciso momento. Nuestro margen de atención colectiva lleva un tiempo menguado. Es como si estuviéramos bebiendo de una manguera de incendios: el caudal resulta excesivo.

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Lo que sacrificamos es la profundidad en toda clase de dimensiones. La profundidad requiere tiempo. Y requiere reflexión. Si tienes que mantenerte al día de todo y enviar correos electrónicos constantemente, no hay tiempo para la profundidad. La profundidad vinculada con el trabajo en las relaciones también exige tiempo. Y energía. Y largos periodos de tiempo. Y compromiso. Y atención. Todo lo que requiere profundidad se resiente. Nos lleva cada vez más a la superficie.···

La lentitud alimenta la atención, y la velocidad, por el contrario, la destruye.

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Nuestro cerebro solo puede producir uno o dos pensamientos a la vez en la mente consciente. Y nada más. Tenemos una capacidad cognitiva muy limitada. Ello es así a causa de la estructura fundamental del cerebro y no va a cambiar. Pero, en lugar de reconocerlo, nos hemos inventado un mito. Y ese mito es que, en realidad, podemos pensar en tres, en cinco, en diez cosas a la vez.

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La gente cree que hace varias cosas a la vez, pero lo que hace en realidad son malabarismos. Pasan de una cosa a otra varias veces. No se dan cuenta de la alternancia porque su cerebro, de alguna manera, lo disimula, para darle una experiencia de consciencia sin costuras, pero lo que hace en realidad es alternar y configurar el cerebro momento a momento, tarea tras tarea, y eso tiene un costo. Se conoce como “el efecto del coste de alternancia”.

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(…) el estudio descubrió que la “distracción tecnológica” (el mero hecho de recibir correos y llamadas) causaba una caída del cociente intelectual de los empleados de diez puntos de media (…) La magnitud de algo así: a corto plazo, es el doble de la afectación en el CI que se da cuando uno fuma cannabis.

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Se requiere espacio mental y energía para convertir las experiencias en recuerdos, y si dedicamos nuestra energía a alternar muy rápido entre una tarea y otra, recordamos y aprendemos menos.

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La profesora Gloria Mark, del Departamento de Informática de la Universidad de California, en Irvine, a la que entrevisté, ha descubierto que el trabajador estadunidense medio se distrae aproximadamente una vez cada tres minutos. Algunos otros estudios han demostrado que muchos estadunidenses se ven interrumpidos casi constantemente y alternan entre una tarea y otra. El oficinista medio pasa en la actualidad el 40% de su jornada laboral considerando, erróneamente, que realiza “multitareas”, lo que implica que paga todos esos costes para su atención y concentración. De hecho, disponer de un tiempo sin interrupciones se está convirtiendo en algo excepcional: un estudio ha determinado que la mayoría de los que ejercemos nuestra profesión en oficinas nunca disponemos de una hora entera de trabajo ininterrumpido a lo largo de un día normal. El dato me sorprendió tanto que tuve que leerlo varias veces para asimilarlo: la mayoría de los que trabajan en oficinas nunca disponen de una hora entera de trabajo sin interrupciones.

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Hemos creado en nuestra cultura una tormenta perfecta de degradación cognitiva como resultado de la distracción.···

Como todos los viernes, Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras el mesero se acerca con la charola que soporta el Glenfiddich 15, Gamés pondrá a circular la frase de Gregorio Marañon: “La rapidez que es una virtud, engendra un vicio, que es la prisa”. 

Gil s’en va


  • Gil Gamés
  • gil.games@milenio.com
  • Entre su obra destacan Me perderé contigo, Esta vez para siempre, Llamadas nocturnas, Paraísos duros de roer, Nos acompañan los muertos, El corazón es un gitano y El cerebro de mi hermano. Escribe bajo el pseudónomo de Gil Gamés de lunes a viernes su columna "Uno hasta el fondo" y todos los viernes su columna "Prácticas indecibles"
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