M+.- Gil con los pelos de punta: Ariadna Montiel asumió la dirigencia nacional de Morena y desde el primer día se propuso “cero tolerancia a la frivolidad”. No se rían, dos morenistas han sido sancionados por sus lujos. El primer e influyente militante de Morena castigado ha sido el tercer regidor de Tulum, Eliazar Mas Kinil. Lo pescaron a bordo de un jet privado y vistiendo ropa de lujo.
Las 23 páginas, el órgano intrapartidario morenista advirtió que dicha conducta “no corresponde únicamente a la realización de viajes o actividades personales”, sino a la forma en que “generan una visible y clara contradicción con los principios de austeridad, el combatir los privilegios que se asocian a las personas que acceden al poder y la falta de sencillez que debe regir en toda persona que forma parte de este instituto político”. Qué bonito es lo bonito, caray.
Ante esta conducta vergonzosa, la comisión del partido ordenó al funcionario de Tulum que se abstenga de realizar, promover, difundir o exhibir públicamente conductas que, de manera preliminar, puedan resultar contrarias a los principios, valores y obligaciones contenidos en los documentos básicos de Morena y en los lineamientos para el comportamiento ético que deben observar las personas representantes, servidoras públicas, protagonistas del cambio verdadero y militantes.
A este caso se le suma el del alcalde de Chignahuapan, Puebla, Juan Rivera Trejo, contra quien Montiel ordenó una investigación por una lujosa fiesta de quince años realizada para su hija el 9 de mayo.
El documento de Montiel añadió que hubo un daño a la imagen del partido, luego de haber recabado “evidencia pública y de las manifestaciones difundidas en redes sociales y en medios de comunicación, mismas que, por su trascendencia y contenido, serán objeto de análisis en el presente procedimiento”.
Todos rabones
Gil abandonó el mullido sillón del amplísimo estudio y caminó sobre la duela de cedro blanco: ¿de verdad? ¿Estas son las medidas cautelares para recuperar la credibilidad de Morena? Caramba, ¿y qué decir de Andrés López Beltrán, de las fiestas de Pedro Haces, de los viajes de Arturo Durazo, de los paseos de Mario Delgado? La señora Montiel dirá esto: eso ocurrió en otra dirigencia nacional y lo que no fue en tu daño, no fue en tu año, o como se diga. Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y construyó este apotegma: el cinismo como programa político. Es que de veras.
Al segundo palo
Bajo calores inclementes, Madrid era un escándalo de rencores. Cabo Verde le arrancó un empate a cero que se le atoró a la selección española en el cogote. Al principio parecía un mal sueño, uno de los tres equipos favoritos para llevarse la copa no podía anotarle un gol a una selección modesta de África. Gil recordó que una noche infausta lo llevaron casi amarrado a ver y oír a la “diva descalza”, Cesária Évora, y quiso matarse, qué horror, pero no nos desviemos.
Luis de la Fuente, director técnico de España, parece un sorbonnard a punto de dar una conferencia sobre Lacan. Y mientras leía al creador del fantasma psicoanalítico, De la Fuente se olvidó que tenía en la banca a Lamine Yamal, Dani Olmo y Nico Williams. Sus tres mejores hombres en la banca. Gamés no daba crédito y cobranza. Y pasaba el tiempo.
Los directores técnicos, es decir simples entrenadores, tienen ideas geniales: guardaré a mis mejores jugadores ante este equipo pequeño para usarlos más adelante. No saben estos técnicos que “más adelante” siempre es el presente. Y duro y dale con Lacan hasta que alguien le dijo en el minuto 76 que había un jugador que se llama Lamine Yamal y estaba atrás de su nube incomprensible. Lo nunca visto: a Nico Williams lo metió en el 86. Si viviera, Javier Marías, gran aficionado, se habría muerto de coraje. Decía Marías que el futbol moderno guardaba un toque maléfico para los jugadores: cada día tienen que ser mejores.
Gil no comprará esa idea de que el futbol africano ha mejorado y puede compararse con lo mejor de Europa. Olvídenlo. Veremos si De la Fuente aprendió algo de Lacan y reconoce a su equipo cuando se enfrente a Uruguay y Arabia.
Todo es muy raro, caracho, como diría aquel bardo: “¡Acaríciala! ¡Tirititite!”.
Gil s’en va