La Presidenta ha pronunciado un discurso inaudito, algunos le llamarán defensa de la soberanía, pero, según Gamés, se trata de la defensa del crimen organizado y de subir el tono en contra de las acusaciones de Estados Unidos para defender a los acusados de narcopolítica. Algo que Gilga nunca pensó ver, una fuga hacia adelante que terminará en el callejón oscuro de los conflictos.
La Presidenta lo ha dicho: “hay que tenerlo claro, hoy vienen por unos, luego por otros, hasta que oficinas, del Departamento de Justicia se vuelven el principal elector de México”. O sea, vendrán por otros, ¿de acuerdo? Y a esos también los defenderá el gobierno mexicano.
Gil no quisiera ponerse loco, pero en su discurso, Sheinbaum ha defendido a Rocha Moya y su banda y también al crimen organizado, ¿a cambio de qué?, de la falsa soberanía, del silencio, de la complicidad. ¡Mon Dieu!
Lectora, lector, lean esto y tomen doble dosis de Tafil. La presidenta pide, exige usar las plazas públicas, repartir volantes y periódicos para “defender la soberanía y rechazar la injerencia en los asuntos de México”. O sea, este gran escándalo para defender a una banda de delincuentes que le entregaron un estado de la República al crimen organizado. El gobierno ha cruzado una línea que parecía imposible dejar atrás.
La piñata criminal
Gil despega del centro de ese pegamento discursivo esta emergencia: el año que entra, durante las elecciones habrá de dos sopas: los patriotas contra los traidores a la patria. Si Gamés entendió algo, cosa improbable, se trata de esto y ésta: defenderemos a quienes con gran injusticia son y serán acusados de narcopolítica. Esos hombres y esas mujeres que el Departamento de Justicia de Estados Unidos quiere infamar y acusar y pasar a rasurar. ¿Cómo la ven? Dicho esto sin la menor intención de un albur patriótico.
La Presidenta se pregunta con énfasis si la acusación con fines de extradición de diez políticos mexicanos ocurre para ayudar a México a combatir al crimen organizado o bien se trata de sectores de la ultraderecha de Estados Unidos para posicionarse rumbo a sus elecciones de 2026, o acaso pretenden influir en la elección de 2027: “México no es piñata de nadie”, grito la Presidenta.
Ya me toca
Mientras la Presidenta pronunciaba este discurso inverosímil, Andrés Manuel López Beltrán empezó a construir su candidatura a diputado federal por Tabasco, de donde es originario. El segundo hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, de 39 años, anunció esta semana su renuncia a la secretaría de Organización de Morena, el partido oficialista, para dar el salto a la política como representante popular. López Beltrán, que durante gran parte de su vida se afincó en Ciudad de México, ya cambió su domicilio a Tabasco para poder ser elegible, según contó él mismo, y ha comenzado a dar entrevistas en los medios locales para hablar de sus aspiraciones. “No quise dejar pasar más tiempo”, ha dicho en un programa de radio, donde añadió: “Ya me toca”. Así lo leyó Gil en su periódico El País en una nota de Zedryk Raziel.
Papá lo sabe
Andy ha compartido que habló de sus planes con su padre, “evidentemente, no realicé como tal una consulta, pero sí avisé, le platiqué, y él está más que de acuerdo, y le hizo muy feliz además que mi decisión fuera que voy a iniciar mi carrera política en Tabasco”. Felicidades, qué bonita familia. Gil se abraza de alegría, ya viene Andy y papá está contento. “Yo llevo más de 15 años haciendo política y es interesante que es la primera vez que voy a ser candidato a un puesto de elección popular. Esperé tanto tiempo porque yo tenía un acuerdo con Andrés Manuel López Obrador”, ha dicho, refiriéndose a su padre por su nombre. “Y creí que por primera vez era justo participar en la elección de 2027, que es la primera elección después del retiro de él de la política”, ha apuntado. Sí, es justo y necesario. Oh, sí.
Todo es muy raro, caracho, como diría el columnista de la triste figura: “el retirar nos es huir, ni el esperar es cordura cuando el peligro sobrepuja a la esperanza y de sabios es guardarse hoy para mañana y no aventurarse todo en un día”.
Gil s’en va