El féretro dorado, los funerales de 'El Mencho'

Ciudad de México /

El narcotraficante mexicano Nemesio Oseguera Cervantes, más conocido como El Mencho, fue enterrado este lunes en un ataúd dorado. Gamés ignora si era baño de oro, pero después de lo que ha leído en estos días, no le extrañaría que así fuera. Además, ante todo, el buen gusto. Gilga se devana los sesos: ¿quién cobrará los 15 millones de dólares que el gobierno de los Estados Unidos ofrecía por datos verídicos que llevaran a la captura del Mencho? Si van a andar con mentiras, ya nadie les va a dar la información y no caerá ningún otro capo de capos. Es que de veras.

En el sepelio: grandes ofrendas florales en la funeraria antes de la ceremonia, incluido uno con forma de gallo en referencia al amor del Mencho por las peleas de gallos. Según la agencia de noticias AFP, se necesitaban cinco camiones para llevar todas las ofrendas al cementerio, la mayoría de los cuales habían sido enviados de forma anónima. Ofrendas anónimas, qué raro, ¿por qué sería?

La procesión fúnebre estuvo acompañada por una banda que tocaba música ranchera y narcocorridos. “El Muchacho Alegre” se tocó cuando el ataúd dorado de Oseguera llegó a una capilla ubicada dentro del cementerio. Gil tuvo una ganas como de no sé qué y cantó: “Yo soy el muchacho alegre / que me amanezco cantando / con mi botella de vino / y mi baraja jugando”. Ajuá. Ya pónganse serios.

Todo mundo lo sabe ya, pero vamos a repetirlo: bajo el liderazgo de Oseguera, el CJNG se convirtió en una poderosa organización criminal transnacional que se extendió desde su fortaleza en Jalisco a muchos otros estados mexicanos, donde se dedicó a la producción y al tráfico de drogas y otros muchos negocios. Lean esto: según la Administración de Control de Drogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés, oh, sí), el cartel también tiene presencia en más de cuarenta países. ¡Cuarenta! Vaya empresa.

Regalazo en la sesera

La Presidenta se molestó, Gil lo vio con estos gusanos que se han de comer los ojos, o ¿cómo era? Resulta que la Fiscalía General de la República debe explicar por qué el lugar donde supuestamente se encontraba Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, no quedó resguardado tras el operativo militar del 22 de febrero.

Pues si usted no lo sabe, Presidenta, imagine si Gilga tendrá alguna idea.

Regaño: “Tiene que explicarlo la Fiscalía, fue una operación de la Secretaría de la Defensa Nacional y de inmediato entró la Fiscalía y ellos tienen que explicar esta pregunta, ellos tienen que decir por qué se permitió la entrada al lugar”. Pues ya ve cómo son los reporteros, no se saben estar quietos. Aquello fue una feria y todos los medios entraron a tomar con sus cámaras el omeprazol que tomaba el Mencho. ¿Y vieron el refrigerador? El de Gilga está mejor surtido, pero es que él va a Costco.

Ernestina Godoy, titular de la FGR, no brinda declaraciones ni ofrece conferencias de prensa desde su llegada al cargo, en diciembre de 2025. O sea, Ernestina no está para nadie.

Anillo de seguridad

Desde el 23 de febrero, los medios de comunicación compartieron los hallazgos dentro de la cabaña donde presuntamente se encontraba El Mencho con su primer anillo de seguridad antes de emprender la huida ante la presencia del Ejército (¿ya van a empezar? Se trata tan solo de un anillo de seguridad).

En el lugar encontraron apuntes sobre el reparto de armas de fuego a jefes de plaza, cartas a santos de la religión católica, pagos de nómina en diferentes estados e incluso información sobre las ganancias reportadas por la organización. Algunas transmisiones de medios de comunicación muestran cómo manipularon la zona, abrieron y cerraron puertas y recorrieron los distintos cuartos de la cabaña para obtener más detalles sobre cómo vivió sus últimas horas Nemesio Oseguera Cervantes.

Se dice que algunos reporteros se metieron a la cama del Mencho para ver que se sentía. Se siente chido, dijo uno de ellos. Se sabe, los caminos periodísticos son inescrutables. Oh, sí.

Todo es muy raro, caracho, como diría Séneca: “Nadie puede llevar mucho tiempo una máscara. Lo que se finge recupera rápidamente su naturaleza”. 

Gil s’en va


  • Gil Gamés
  • gil.games@milenio.com
  • Entre su obra destacan Me perderé contigo, Esta vez para siempre, Llamadas nocturnas, Paraísos duros de roer, Nos acompañan los muertos, El corazón es un gitano y El cerebro de mi hermano. Escribe bajo el pseudónomo de Gil Gamés de lunes a viernes su columna "Uno hasta el fondo" y todos los viernes su columna "Prácticas indecibles"
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