En 1993 Salinas destapó a Colosio después de mandar señales contradictorias a Manuel Camacho, éste se negó a reconocer al candidato del PRI. Algo lo debió obligar a reflexionar y apareció en público para decir que siempre sí aceptaba
Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil leía y repasaba la noticia que enturbió las claras aguas, mjú, de las fuentes de Morena en su elección interna; Marcelo Ebrard injertó en pantera, bueno, una pantera pequeña, se inconformó y pidió que se repitiera el proceso.
Se armó un sainete, los dirigentes del partido Alfonso Durazo y Mario Delgado ni lo vieron ni lo oyeron, como se decía antes, y prosiguieron con el conteo de los votos. Impidieron que los representantes de Ebrard entraran al recinto de las cuentas y las actas y todo eso de lo que Morena desconfía durante los procesos electorales. Hay hermosas ocasiones de vida en que las convicciones y los intereses coinciden: precisamente la candidata que apoyó el Presidente desde siempre, a la cual se le destinaron dineros legales e ilegales ganó la encuesta madre y las encuestas espejo (espejito, espejito, dime ¿quién es la mejor candidata?) por ventajas arrasadoras. Lo que es la vida.
Gil tiene edad para recordar el año de 1993 y el momento espectacular en el que Salinas destapó a Colosio después de mandar algunas señales cruzadas y contradictorias a Manuel Camacho, otro de los aspirantes a la candidatura presidencial. Camacho soltó al perro de la cólera: amenazó, increpó, se negó a reconocer, a saludar al candidato del PRI. Algo muy serio debió obligar a reflexionar a Camacho y apareció en público para decir que siempre sí aceptaba a Colosio y se convirtió en secretario de Relaciones Exteriores. En el porvenir esperaba el espantoso año de 1994.
Sospecha
Analistas de fasto, fuste y fusta se preguntan si Ebrard, quien siempre trabajó con Manuel Camacho dará el camachazo. Gil lo ignora mientras escribe estas líneas, pero a esta hora, seguramente el cotarro se ha alborotado. Sólo algunos enterados saben si Ebrard ha tenido líneas de comunicación con el Dante y si Movimiento Ciudadano le abrirá las puertas del partido y, sobre todo, si Ebrard pasará ese umbral. Lo verá el que beba, o como se diga.
Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó; como diría el clásico: ¿y si todo esto fuera cosa de viento y mentira, y todo patraña? En las cosas de la política nunca hay que descartar lo extraordinario y lo fabuloso, y si se trata de Liópez, él trae cosida la mentira a su alma política. Un montaje, ¿por qué no?
Ebrard llamó cobardes a los dirigentes de Morena, pero no adjetivó al jefe máximo de Durazo y Delgado. Piensa mal, decía el extinto padre de Gil, y Gamés sigue muchas veces la huella de los pensamientos de sospecha y misterio entre quienes han cometido vileza.
¿Cómo ven a Gil en plan de adivino? Y eso que Gilga no se ha referido a los endriagos, esos políticos que tienen brazos de león y garras de águila. Víctima de vaticinios, una parte importante de Gilga cree que Ebrard va a reencaminarse de alguna forma en el sendero de Morena.
Aeropuerto a la fuerza
Una nota de Juan Carlos Cruz Vargas en su revista Proceso informa que la Agencia Federal de Aviación Civil emitió “un resolutivo que establece la reducción temporal de 52 a 43 operaciones por hora en el AICM a partir de la temporada de invierno 2023”.
El presidente Liópez aseguró que se llegó a un acuerdo con las aerolíneas, después de que éstas manifestaron que ya están vendidos los boletos de finales de 2023 para diferentes destinos: “Está bien pero que haya un esfuerzo para que empiecen ya a trasladar sus vuelos al Felipe Ángeles”.
Los datos presentados por las empresas paraestatales en materia de administración de servicios aeroportuarios señalan que en 2022 el AICM tuvo 997 operaciones de vuelos comerciales diarios, en los cuales se movilizaron poco más de 127 mil pasajeros por día. En el mismo año, el AIFA promedió solo 31 operaciones al día, con 3 mil 201 pasajeros diarios: “Hay que destacar que mientras el AICM tiene una movilidad de casi la tercera parte de pasajeros internacionales, el AIFA tuvo solo 4% de los visitantes extranjeros, de los cuales 4 de cada 10 provinieron de Cuba y Venezuela”.
Todo es muy raro, caracho, como diría Maquiavelo: “La firme decisión demuestra que la fortuna no tiene ningún poder sobre ella”.