Gil ha notado que una corriente caudalosa de crítica quiere desnudar a la FIFA, no es para menos, pero no es nada nuevo, salvo que quieran convencer a Gilga de que Joao Havelange o Joseph Blatter eran filántropos y Gianni Infantino un representante del capitalismo salvaje. Sí, de que un deporte popular se ha convertido en un juego elitista. ¿Con el perdón, podrían dejarnos ver el futbol?
Ahora, si se trata de historia, hay un libro de Cristóbal Villalobos: Futbol y fascismo (Altamarea Ediciones, 2020). Aquí va un puñado de subrayados.
***
Borges odiaba el futbol. Para ejercer un boicot de carácter literario, dictó una conferencia sobre la inmortalidad a la misma hora que Argentina debutaba frente a Hungría en el Mundial de 1978. Poco después, ya con el equipo argentino campeón, César Luis Menotti, seleccionador albiceleste, cumplió su sueño de entrevistar a uno de los más grandes escritores del siglo XX, cuando el editor de una revista literaria pensó que sería curioso juntar a dos personajes tan dispares: «Usted debe ser muy famoso, porque mi empleada me pidió un autógrafo suyo», le dijo el autor de El Aleph, que había afirmado que el futbol es popular porque la estupidez es popular.
***
Para Javier Marías, el futbol no sólo es el circo actual, sino también el teatro de nuestro tiempo: emoción, temor y temblor, desolación o euforia. Algo parecido opina el filósofo, e hincha del Liverpool, Simon Critchley, (…) Para él, este deporte es un drama cargado de verdad, en la actualidad es lo más parecido a la catarsis que se producía en los templos teatrales de Atenas o Epidauro. El futbol comparte con el teatro una característica básica: el destino.
***
… una frase de Hal Foster (…) resulta clarividente en este contexto: “El futbol es el escenario donde se resuelven los —en ocasiones— oscuros manejos del destino, sobre todo en lo que respecta al destino nacional”.
***
Por ese motivo Borges no amaba este deporte: “El futbol despierta las peores pasiones. Despierta sobre todo lo que es peor en estos tiempos, que es el nacionalismo referido al deporte, porque la gente cree que va a ver un deporte, pero no es así. La idea de que uno gane y otro pierda me parece esencialmente desagradable. Hay una idea de supremacía, de poder, que me parece horrible”.
***
Borges murió en Ginebra el 14 de junio de 1986, en pleno Mundial de México, tras declarar, en una de sus últimas entrevistas, que no sabía quién era Maradona. Ocho días más tarde, Diego marcó ante Inglaterra, en el Estadio Azteca, el gol más fabuloso nunca visto, pura creación literaria en su ejecución y en su narración. El hecho futbolístico sobre el que más se haya escrito jamás.
***
Dicen que Benito Mussolini solo había visto un partido de futbol en su vida, pero esto no le impidió percatarse de las posibilidades políticas y propagandísticas que el juego de la pelota podía brindarle para alcanzar sus objetivos. (…) el caso italiano sirvió de modelo para ambas dictaduras (nazi y franquista), pues fue el primero en recuperar la noción clásica del deporte como herramienta política.
***
Estos sistemas políticos, que controlaban todas las esferas de la vida cotidiana del ciudadano, veían en el deporte una herramienta perfecta para movilizar a la población, un extraordinario medio de propaganda y de control social. (…) El deporte permitía al fascismo introducir en los grupos movilizados los valores y símbolos de la nueva religión laica.
***
El futbol se convierte de esta manera en un mecanismo para propagar el sentimiento de patria, que el fascismo equipara a la identificación con el régimen; se ensalzan la pertenencia al grupo, la fidelidad, la disciplina y la supeditación de los intereses particulares a los colectivos.
***
"Víctima de esta política fue, por ejemplo, el Inter de Milán. El equipo había sido fundado décadas atrás como una escisión del Milán, que no aceptaba jugadores de nacionalidad extranjera. Cuando el Partido Fascista llegó al poder obligó al club en un primer momento a denominarse Internazionale, e inmediatamente después a fundirse con otro club y pasar a llamarse Società Sportiva Ambrosiana, ya que a los fascistas la denominación primigenia del equipo les recordaba en demasía a la Tercera Internacional Comunista de Stalin. Además, también obligaron a los interistas a vestir con una zamarra blanca con la cruz de San Jorge y con el haz de lictores, el escudo fascista, en el pecho.
***
Como diría el héroe trágico del césped: “la pelota no se mancha”.
Gil s’en va