Estaba Gil perdiendo el tiempo con su celular, una puerta acá que llevaba a asuntos inútiles, otra allá mostraba imágenes aún más banales o frívolas. Y de pronto la pantalla, por sí misma, ofreció la imagen de Sandra Cuevas. Ella fue alcaldesa de la Cuauhtémoc, una de las más importantes alcaldías de la ciudad de México, no es poca cosa. Resulta que después de varios días de ausencia se hizo tomar fotografías para mostrar los avances de su recuperación tras someterse a varias cirugías estéticas.
Gil lo vio con esos ojos que se convertirán un día en cenizas: vendajes en la cabeza y los brazos y una tremenda faja por el procedimiento al que se sometió para reducir su cintura. O sea, se restiró muy caón, se fabricó otra nariz, diseño una cinturita como de Ninón Sevilla y desterró de su cuerpo los molestos ñonguis, mejor conocidos como alas de murciélago. Dicho en lenguaje científico: liposucción, rinoplastia y aumento de busto; sí señor, Cuevas le dio rienda suelta a la realización de sus sueños.
Nereidas
Pues resulta que Cuevas ha dicho que a partir del primero de octubre iniciará una nueva etapa en su vida. Gil pensó: el Capri ya no existe, se fue con todo y Hotel Regis, por cierto allá en la alcaldía Cuauhtémoc. Pero si existiera, a Sandra Cuevas le hubieran ofrecido un lugar junto a Rossi Mendoza. Oh, sí. Tal vez esa es su nueva etapa. No vayan por Dios acusar a Gil de violencia de género, al contrario, Gamés apoya las transformaciones masculinas y femeninas. Lean lo que escribió doña Sandra: “Sabía que necesitaba cambiar, así que decidí escuchar a mi corazón y hacerlo por todo lo alto. Inicié con pequeños cambios físicos que mermaban mi salud. Lo segundo será estudiar una nueva carrera, y así, más cambios hasta encontrar la verdadera felicidad”.
Pero si el Capri ya no existe, ¿dónde estudiará su nueva carrera doña Sandrá? Gil lo ignora, pero sabe que la verdadera felicidad espera en algún lugar a Cuevas.
Gilga no tiene problema alguno con lo que las personas y personos hagan con sus cuerpos y cuerpas, vaya, lo que les dé su regalada gana, faltaba más, y menos que lo hagan en público, cada quien su vida, y si quieren enseñar todas las operaciones que se han hecho en sus cuerpos, ¿qué tiene de malo?
También es cierto que a Gil le llama poderosamente la atención (ya que damos en que atención que no se llama con poder, no es atención) que Sandra Cuevas haya gobernado, por decir así, a 500 mil habitantes. Pues Gamés le desea a Sandra Cuevas éxito con su nuevo cuerpo. Eso sí, hay que renovar el guardarropa. Definitivo.
Educación, un éxito
A veces Gilga piensa que se ha vuelto loco. La presidenta ha presumido los resultados de escuelas públicas en la prueba PISA. Esto lo leyó Gamés en su periódico La Jornada. Luis Bonfil, corresponsal en Mérida, informa: la presidente ha dicho que “(si bien la prueba) PISA tiene muchos problemas porque no se puede evaluar igual a todos los niños del mundo, cada uno tiene una realidad distinta, los resultados arrojaron que las escuelas que tuvieron mejor calificación fueron escuelas públicas, no las escuelas particulares”.
Pues a celebrar con los resultados de PISA, faltaba más; si la mitad de jóvenes mexicanos de 15 años no comprende lo que lee, no importa porque dos escuelas públicas obtuvieron mejores resultados que las privadas. Si esos mismos jóvenes no son capaces de realizar operaciones aritméticas, nada le hace, porque tres escuelas públicas salieron mejor calificadas que las privadas. Así no se puede, cavila, Gil, no hay modo.
Orgullo
Allá en Mérida, la Presidenta, estuvo exultante: “si hay algo que recuperó la Transformación en nuestro país es la dignidad del pueblo de México (…) La cuarta transformación abre caminos grandes, no para que pasen una cuantos sino para que pasemos todos y todas juntos. (…) la prosperidad no es prosperidad si no se comparte”.
Gilga trae los pies en el alma, ¿o cómo era? En resumen, celebremos los resultados de PIZZA (y duro con el pésimo chiste), transitemos los caminos grandes de la cuatroté y compartamos la prosperidad.
Todo es muy raro caracho, como diría Albert Camus: “El mundo no es razonable, pero existe”.
Gil s’en va