Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil se enteró de que Julio Scherer Ibarra publicará su libro de memorias: Ni venganza ni perdón, una amistad al filo del poder (Planeta, 2025). En esas páginas narra en primera persona y en coautoría con el periodista Jorge Fernández Menéndez su paso por el obradorismo desde 1997 hasta 2021, el año en que renunció al cargo y salió de Palacio Nacional expuesto a lo que él califica como una artera campaña de calumnias e infamias. Aigoeei.
Gil lo leyó en su periódico El País en una nota de Ernesto Núñez: “Un día, en una de esas conversaciones sin testigos, Andrés Manuel me dijo con esa voz pausada que a veces se confundía con un susurro: ‘Cuando yo salga del Gobierno van a ir contra ti. No lo dudes. El poder no perdona. Te van a perseguir, te van a inventar, te van a querer destruir. Prepárate, porque van a desvirtuar lo que sepan y a usar lo que inventen. Y lo van a hacer con saña’. Esa frase quedó grabada en mi memoria como una sentencia anticipada, como un eco que me alcanzaría tiempo después”. Esto escribe quien fuera uno de los hombres más cercanos al ex presidente, y uno de los funcionarios más poderosos en los primeros tres años de aquel sexenio. Ah, sentencioso Liópez, y no poco vidente, anjá, sí, como ño. Cuando el ex presidente susurra ocurren catástrofes.
El árbol y la leña
Scherer Ibarra envió dos cartas el 24 de septiembre de 2024, antes de escribir el libro y de emprender demandas penales contra quienes, según él, lo han difamado. Una la dirigió al aún presidente López Obrador y otra a la entonces presidenta electa, Claudia Sheinbaum, para informarles que trataría de limpiar su nombre. “Viví el tiempo de los buitres”, escribió en una de esas misivas. Oh, no, se han puesto de moda los buitres y los zopilotes, que son menos peligrosos pero igualmente maléficos.
Aquí viene algo interesante: entre los personajes a los que Scherer Ibarra acusa de conspirar en su contra destacan —además de Gertz— el ex vocero Jesús Ramírez Cuevas; la ex secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, y el senador Javier Corral. Pero también se queja de la incapacidad del ex secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández, a quien el presidente le habría encomendado en 2022 tratar de resolver el conflicto entre Scherer Ibarra y Gertz Manero.
“Nos dijo que no era posible que un colaborador cercano del presidente, como era el fiscal, y un amigo del presidente, como era yo, estuviéramos en el golpeteo constante... que se trataba de una reunión de buena fe”. Uno fuego, otro estopa, viene el diablo y sopla. Donde el diablo es el ex presidente Liópez. “Nunca hubiera imaginado a un secretario que para resolver un asunto que le encarga su jefe, el presidente, terminara hablando de buena fe... Un secretario de Gobernación tiene que ser un hombre de poder; no va a solicitar que se resuelvan los asuntos, resuelve los asuntos. Adán Augusto no creo que fuera un verdadero secretario de Gobernación, porque no hubiera actuado así”. Adán ahora anda de capa caída: a toda fiestecita le llega su capillita, ¿o cómo era? Y Gilga no quiere hacer árbol de la leña caída, en fon.
Los escándalos
Cuenta Scherer Ibarra y reproduce el periodista Núñez en El País: “aquella reunión fue el último intento por evitar los escándalos que, casi de inmediato, terminaron ventilándose, y que Scherer Ibarra comenta en un capítulo titulado ‘Los golpes, las respuestas’: los beneficios a los despachos con los que el consejero jurídico había colaborado, y que Olga Sánchez Cordero enlistó en una carpeta que le entregó al presidente; su presunta intervención en el litigio del abogado Juan Collado por el fraude de la Caja Libertad; el caso Cruz Azul, el de Altos Hornos de México y Agronitrogenados —por el que se procesó al ex director de Pemex, Emilio Lozoya Austin— y las serias acusaciones que le hizo el abogado Paulo Díez Gargari”. Gilga se pone muy nervioso y prefiere retirarse a sus habitaciones. El libro de Scherer Ibarra circulará en librerías en los próximos días. Aigoeei: guerra en el paraíso.
Todo es muy raro caracho, como diría Shakespeare: “Hay puñales en las sonrisas de los hombres; cuanto más cercanos son, más sangrientos”.
Gil s’en va