Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil reposaba y se perdía en meditaciones sin rumbo. En ésas estaba hasta que sus pensamientos tomaron dirección: la gran empresa de los ocho años de este sexenio debe llamarse Hijos, S.A. de C.V. Estos hombres de negocios se han despachado con el cucharón del puchero. Resulta que Juan Domingo Beckmann y Mauricio Garduño González Elizondo son socios de JDBL y Compañía, S.A. de C.V., una empresa creada durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, dedicada a invertir en puertos y suministro de combustible. Todo esto lo leyó Gil en su periódico El Universal en una nota de Antonio López Cruz.
La asociación fue creada el 17 de julio de 2020 como una sociedad con domicilio en la Ciudad de México con duración de 99 años. Muy bien, dirán la lectora y el lector, y eso qué o qué, pues resulta que ambos empresarios sostuvieron una reunión privada con Andrés Manuel López Beltrán, hijo del expresidente, cuyo círculo cercano enfrenta acusaciones e investigaciones por presunto huachicol fiscal en las aduanas del país. Cuando agua lleva el río suena, eso que ni qué.
Actos y actas
Según el acta constitutiva inscrita en el Sistema Integral de Gestión Registral de la Secretaría de Economía, el objeto social principal de la empresa la autoriza a “realizar todo tipo de inversiones de manera directa o indirecta (...) en la prestación de servicios de administración y gestión de puertos, su construcción y de infraestructura en general”.
Ahora mal sin bien: el documento detalla además que la sociedad puede participar en el “suministro de combustibles y lubricantes” en zonas portuarias, una actividad conocida formalmente en el sector marítimo como avituallamiento o bunkering. Carambas, qué empresa más exacta para los fines a que haya lugar.
Lo anterior ocurre en medio de una escalada en las investigaciones de la Fiscalía General de la República (y agencias de seguridad de Estados Unidos (como el FBI) en torno a una red de contrabando de combustibles. Tenía que ser.
La supuesta red operada en los puertos y aduanas fronterizas de Tamaulipas, ha sido vinculada con el círculo político y de operadores del hijo del expresidente, a través de un esquema que incluye el desvío de recursos y la subdeclaración de hidrocarburos importados. Otra vez: tenía que ser.
Amílcar
Pues esto no es nada, lea usted: la empresa públicamente vinculada a López Beltrán es Portacelis Gas and Oil, de Jorge Amílcar Olán, amigo del hijo del expresidente, la cual es investigada por el SAT y la Secretaría de Hacienda por el impago de 834 millones de pesos en impuestos tras tramitar 139 pedimentos fraudulentos de importación de combustibles con información falsa en ferrotanques.
Gil recuerda hijos e hijas frívolos y frívolas que dilapidaban dinero público en lujos, viajes, viajas, pero no tenía en la memoria hijos de un presidente metidos de lleno en el negocio, la empresa corrupta, las sociedades inexplicables y los laberintos de una red de corruptelas de grandes cantidades de dinero y componendas políticas.
Veamos: el accionista mayoritario de JDBL y Compañía, S.A. de C.V., es Juan Domingo Beckmann Legorreta, con un total de 99 mil 999 acciones, en tanto que Mauricio Garduño González Elizondo es socio minoritario con una sola acción. La empresa cuenta con cuatro apoderados legales, siendo estos Vianney Ramos Rosales, Alexander Gijs Van Tienhoven, José Alfredo García López Gala y Victoria Isabel Cortés Iturralde.
Para importar, transportar, almacenar o comercializar combustibles de manera real en México no basta con tener una empresa registrada ante el Siger con ese objeto social. Se requiere obligatoriamente un permiso vigente otorgado por la Comisión Reguladora de Energía o la Secretaría de Energía.
Es que de veras, si están muy pesados, como se decía antes. Y como si nada. Los negocios siguen, el dinero fluye, la honestidad se impone, o como se diga.
¿Cómo llamar a los negocios de López Beltrán? Desde luego corrupción, pero además, voracidad cínica, abuso de poder. En eso ha terminado Morena, ¿lo dudan?
Todo es muy raro, caracho, como diría Montesquieu: “Todo poder sin control tiende al abuso”.
Gil s’en va