'Hombre de futbol'

Ciudad de México /

Gil encontró este libro publicado en 1968, cuando el futbol iniciaba su ascenso a la cúspide de la gran industria. Arthur Hopcraft escribió un insuperable estudio de futbol y de la sociedad que incluye entrevistas a estrellas inglesas de todos los tiempos como Bobby Charlton y George Best. Hombre de futbol, (Córner, 2019 trad. Joan Soler) trata de una instantánea de una época crucial en el deporte: los años sesenta. Vamos.

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En el fútbol, la ficción casi nunca es más extraordinaria que la realidad. En su debut, George Best ni olía la pelota, pues estaba siempre muy bien sujetado por el lateral internacional galés del Albion Gerry Williams.

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George, el niño precoz, se había convertido en Georgie, el personaje público. Si en Manchester pronuncias el nombre “Georgie” donde sea y cuando sea, nadie preguntará por el primer apellido. (…) se explica no por el fanatismo de los seguidores, sino por el impacto profundo y duradero causado por hombres de una personalidad extraordinaria en el contexto del deporte.

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Se le apreciaban indudables chispas de mal genio y frustración cuando sufría obstrucciones y entradas a menudo violentas, por lo que se le solía reprender en los periódicos y en las gradas. Sin embargo, ningún otro virtuoso igualaba su repertorio. Fue ese repertorio lo que le hizo tan importante: la capacidad diabólica, apenas creíble, de abrirse camino entre un anillo de defensas, cuando podía perder la pelota y recuperarla de modo que la entrada formaba parte del regate; su valentía en un área pequeña, abarrotada, lo que le permitía meter goles de cabeza frente a hombres mucho más grandes; su inspirada visión de juego y pase en profundidad. Verlo era disfrutar. Ahora algunos lo llaman “playboy”; sin embargo, ningún playboy fue nunca más cautivo de su arte.”

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Me parece que los dos aspectos principales de la cuestión son hasta qué punto el juego inspira su vida cotidiana y en qué medida le compensa. Lo que estamos buscando es el primer hombre que debió su identidad al futbol y pudo permitirse alardear de ello.

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Cada seguidor de futbol tiene su jugador favorito; incluso los propios futbolistas. La elección seguramente reflejará algo del carácter de quien la ha hecho. No hace falta que el elegido sea el mejor de todos. Podemos admitir, de mala gana, los puntos débiles del nuestro. Lo que estamos diciendo es que ese jugador concreto nos atrae más que ningún otro. Tiene que ver con su personalidad, su comportamiento y quizá, sobre todo, con cómo compensa sus deficiencias. Es el jugador que a veces puede decepcionarte con una actuación, pésima, irregular, pero que, sin embargo, con los años permanece claro y brillante en el recuerdo. Es el futbolista que primero nos viene a la cabeza cuando nos preguntamos cómo es el futbol cuando más lo disfrutamos. Y para ese papel yo escojo a Bobby Charlton.

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La evolución del fútbol de Charlton no tiene picos discontinuos, aunque al final sí hay una fuerte y afilada punta de flecha. Lo que lo hace tan especial es la combinación de elegancia y espectacularidad. Existen pocos jugadores que influyan tanto como él en las reacciones de la gente. En el momento en que recibe el balón, ya se espera de él algo extraordinario.

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A veces concede al otro equipo la iniciativa que había perdido. En los partidos así, sus disparos a puerta pueden ser ridículamente atolondrados. La vergüenza colectiva es la misma que se produciría tras una nota final errónea en un concierto de música. Charlton detesta estos lapsos. Reacciona ante ellos como un hombre que descubriera una pulga en su chaleco. Menea la cabeza desconsolado y pide disculpas a sus compañeros. En sus peores días, puede que incluso se mantenga un rato alejado de la pelota. Lo más habitual es que intente serenarse, que pare el balón y lo toque con un cuidado inusual, elaborado.

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Fuma más de lo que cabría esperar de un hombre que todavía está entre los directores de juego más rápidos del fútbol internacional, pese a sus treinta años. […] Es el clásico héroe de la clase trabajadora que ha llegado al glamour y al Nob Hill”.

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Como todos los viernes, Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras el mesero se acerca con la charola que sostiene el Grey Goose, Gamés pondrá a circular las frases de Jean Giroudoux por el mantel tan blanco: “El deporte delega en el cuerpo algunas de las virtudes más fuertes del alma: la alegría, la audacia, la paciencia”. 

Gil s’en va

  • Gil Gamés
  • gil.games@milenio.com
  • Entre su obra destacan Me perderé contigo, Esta vez para siempre, Llamadas nocturnas, Paraísos duros de roer, Nos acompañan los muertos, El corazón es un gitano y El cerebro de mi hermano. Escribe bajo el pseudónomo de Gil Gamés de lunes a viernes su columna "Uno hasta el fondo" y todos los viernes su columna "Prácticas indecibles"
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