Chris Schroeder, ex director del Washington Post y ensayista, expresa en una entrevista con el portal Le Grand Continent: “Nos dirigimos hacia una masificación de las fake news a un ritmo sin precedentes”
Gil cerraba la semana en calidad de estopa con grasa de motor viejo. Gamés carga un gran cansancio físico y mental. ¿Hay un psiquiatra entre ustedes? Mientras le pasan la urgente información, Gilga comparte algunos subrayados del portal Le Grand Continent, una entrevista a Chris Schroeder, ex director del Washington Post, ensayista y especialista en tecnología sobre el futuro de la inteligencia artificial y las fake news. Aquí vamos.
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Vengo del periodismo, donde dirigí una empresa del sector. Soy un poco anticuado en esto porque creo que en esta época los hechos son importantes, que la labor del periodismo es incomodarnos y empujarnos a pensar en cosas nuevas. Si tuviera que hacer una predicción sobre el impacto de la IA en la información, diría que nos dirigimos hacia una masificación de las fake news a un ritmo sin precedentes. Se utilizarán todos los medios —texto, pero también imágenes y video— para reducir la capacidad de la gente de entender lo que realmente está pasando.
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Ya lo estamos viendo en la terrible situación de Israel y Palestina. Es difícil saber qué es verdad. Así que el papel del periodismo es más importante que nunca, pero también vamos a ver grandes beneficios del uso de la IA en el periodismo. Podremos comprobar los hechos como nunca antes, confirmar si algo es falso o no gracias a la IA. Si yo dirigiera hoy un medio de comunicación, trabajaría mucho con los periodistas para plantear la pregunta fundamental, que es un poco la pregunta fundamental que se hace la IA: ¿qué significa realmente ser humano? Hay cosas que la IA puede hacer honestamente mejor que los humanos cuando se trata de periodismo. Debería ser su copiloto. A la inversa, la IA carece actualmente de intuición y perspicacia periodística. Hay grandes oportunidades por explorar en la relación complementaria entre periodismo e inteligencia artificial.
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¿Queremos ver otro espectáculo de tecnología estadounidense que establece las reglas para todo el mundo? El liderazgo estadounidense será poderoso si da cabida a la co-construcción. Creo que es perfectamente comprensible que Europa y ciertos países europeos digan que quizás ha llegado el momento de adoptar un camino diferente. Hay una oportunidad para que los estadounidenses avancen hacia un modelo diferente del diseño de su tecnología.
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En cuanto a la coordinación reglamentaria entre jurisdicciones, un primer problema es que muchos de los agentes del ámbito reglamentario no tienen realmente la experiencia necesaria para comprender plenamente la nueva naturaleza de la tecnología que tenemos ante nosotros. En segundo lugar, es una de las primeras veces en la historia que la regulación interviene intentando anticiparse a las posibles consecuencias de la tecnología. Históricamente, es como si hubiera existido una agencia internacional de la energía nuclear o una industria reguladora nuclear antes de que estallara una bomba, o antes de que se crearan los reactores. Así que es insólito, pero también interesante: el ecosistema ha aceptado tomar cierta iniciativa. Así que hay una reflexión conjunta entre empresas y reguladores, tanto en Estados Unidos como en Europa.
Es una de las primeras veces en la historia que la regulación interviene intentando anticiparse a las posibles consecuencias de la tecnología.
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En lo que respecta a la IA, los distintos regímenes políticos toman decisiones diferentes. Algunas de las elecciones de China nos incomodarán en Occidente, pero darán a China una ventaja competitiva. Ya tenemos ejemplos en genética y biotecnología. Creo que hacemos bien en poner barreras y no utilizar algunos de los datos que China podría estar dispuesta a utilizar. Pero tenemos que cuestionarnos y decir que, como parte de este compromiso, China puede hacer un gran avance en ciertas áreas en las que nos estamos quedando atrás.
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Una de las grandes ventajas de la experiencia estadounidense es que ha sido capaz de abrir sus puertas a los mejores talentos de todo el mundo y ha facilitado el acceso a ese talento. Les ha facilitado relativamente el éxito, y cualquier cosa que se interponga en su camino, por razones políticas o de otro tipo, es, en mi opinión, dispararse en el pie. Es una ventaja extraordinaria. ¿Cuántos premios Nobel europeos han obtenido su galardón mientras hacían carrera académica en Canadá o Estados Unidos?
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Como todos los viernes, Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras se acerca el mesero con la charola que soporta el Glenfiddich 15, Gamés pondrá a circular la máxima de Louis Pasteur por el mantel tan blanco: “La ciencia no tiene patria”.