Interpol, megaparoxismo acá

Ciudad de México /

Gil jura y perjura que le late muchísimo la onda de Interpol, una banda cósmica, le late como una taquicardia. En esas estaba cuando el destino generoso le obsequió una crónica de Juan José Olivares publicada en su periódico La Jornada. El bróder Olivares le metió durísimo a la poetry, droga peligrosa e hizo para la eternidad el relato del concierto en el Zócalo: “Interpol remitió a casi 160 mil presuntos fanes a una prisión acústica de alta sonoridad pero, antes, les hizo confesar su delito: amar a una banda de rock puro que tiene esencia para trascender”. Yea, yea, matea, como se decía en aquellos tiempos de Gilga. Sí, que lleven a Gil a la prisión acústica de alta sonoridad. Todo, lo que sea, con tal de zafarse del principio de la gira del adiós de Liópez.

La prosa sin prisa de Prusia, ja, Gil también trae lo suyo, del maese (así se decía antes, siempre antes) Olivares lean esto: “Lo hizo en el foro del espacio público preferido de México, el Zócalo capitalino, donde la gratuidad da esencia de libertad, a estados catárticos de felicidad como los que vivió la gigantesca horda variopinta reunida anoche en la plancha principal del país y calles aledañas, a la que no importó ser cautiva por el sonido de las cuerdas de Daniel Kessler y de Paul Banks, los incesantes golpes de baquetas (de Chris Broome, en sustitución de Sam Fogarino, quien recién se sometió a una cirugía de columna) y los duros sonidos del bajo de Carlos Dengler”.

La inspiración del cronista arrodilló a Gilga: “estados catárticos de felicidad”, qué, ¿le quemamos las patas al diablo? “Gigantesca horda variopinta”. Ay, Monsiváis, cuánto daño variopinto hiciste.

El ombligo de la luna

Gamés entró en un estado catártico y puso unas rolas de Interpol en su amplísimo estudio y no manches manchón, me cae que agarró un pinche supertrip, wey. Huevo: Kessler y Banks. No empiecen, no son los delanteros del Manchester, agarren la onda, se trata de las cuerdas, y por favor no llamen baquetas a la bataca mágica de Chris Broome. Utaaa! Esto no sabe a jugo de tomate. Uff!

Como bien sabe Gil, Interpol celebra el aniversario número 20 de su álbum Antics, punto de inflexión en su carrera, “en realidad no detuvo a nadie: sólo se robó el corazón de miles de personas presentes donde la luna tiene su ombligo”. Saca para andar igual, Olivares, Oli-bares. Oh, sí.

Prepárense lectores y lectoras: “La Interpol, sin su julia ni su agencia internacional, ejecutó en modo aristocrático su estilo garaje oscuro con mensajes bucólicos y directos sobre la condición humana”. Madre mía, ¿hay un psiquiatra entre ustedes? ¿No? Entonces que siga Oli-bares: “La banda, no delictiva, de influencia post punk revival, exploró con sus canciones las corrientes subterráneas con serpenteantes arreglos y riffs que elevaron hasta el cielo; así como la precisión percutiva de Chris Broom rompió los tiempos del bombo tratando de que no se extrañara a Fogarino; en tanto, la voz de Paul Banks –que no deja de recordarnos a la cavernosa de Ian Curtis, de Joy Division– exudó una profunda y anhelante vulnerabilidad que conmovió al respetable, llevándolo al cliché: histeria colectiva”.

Vamos a llegar a lo sagrado: cómo se oye Interpol, mejor digámosle Interpaul. ¿Qué pex con las tachas que no llegan? Ya le llamamos a este wey, pero cómo encontrarlo entre 160 mil, wey. Los corazones se hablan y lo sabes, wey.

Redada de corazones

Oli-bares escribe bien acá: “El grupo noirish —con referencia a los filmes noir— ha hecho redadas por años captando a más sospechosos de caer en la manos de su buena música, como anoche”.

¿Ya llegaron las tachas? ¿Sólo caspa del diablo? Venga Oli, exudar es el verbo de oro: “Con este concierto, Interpol destruye etiquetas burdas como alternativo e indie han desaparecido como sus calificativos. Hoy día, es simplemente uno de los grupos de rock más distintivos, consecuentes y duraderos del siglo XXI hasta ahora”. Nada, Oli-bares, no nos pongamos avaros, la mejor banda del siglo XXII, ¿estamos?

“Pocos se perdieron el concierto. Pantallotas en calles como 20 de Noviembre, Pino Suárez y Venustiano Carranza extendieron la redada de esta corporación internacional de rock”. ¿Cómo se sienten, broders?

Todo es muy raro, caracho, como diría Nietzsche después de escuchar a Interpol: “Siempre hay un poco de locura en el amor, pero siempre hay algo de razón en la locura”. 

Gil s’en va


  • Gil Gamés
  • gil.games@milenio.com
  • Entre su obra destacan Me perderé contigo, Esta vez para siempre, Llamadas nocturnas, Paraísos duros de roer, Nos acompañan los muertos, El corazón es un gitano y El cerebro de mi hermano. Escribe bajo el pseudónomo de Gil Gamés de lunes a viernes su columna "Uno hasta el fondo" y todos los viernes su columna "Prácticas indecibles"
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