La hoja seca

Ciudad de México /

Gil seguía embaucado por el futbol. De su lectura de Balón a tierra (1896-1932) de Javier Bañuelos Rentería (Clío, 1998) trajo estos subrayados y una hoja seca.

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“Del mostrador a la realeza”

El ascenso del Club España marcó una nueva época, en la que el futbol rompió de manera definitiva el aristocrático cascarón inglés y se convirtió en un asunto de la calle. La comunidad española, mucho más integrada a la sociedad mexicana, se encargó de difundir el nuevo juego por todos los vecindarios de la Ciudad de México.

La idea de un equipo formado únicamente por españoles surgió dentro del Club México de San Pedro de los Pinos […] cinco jóvenes hispanos empleados de distintas casas comerciales de la capital, quienes el 20 de marzo de 1912 levantaron el acta constitutiva del Club España. Su capital no ascendía a más de 20 pesos, dinero que les permitió adquirir su primer balón y unos palos para las porterías que plantaron en un terreno de Santa María la Ribera, en las calles de Fresno y La Rosa. En noviembre de 1914 conquistaron el bicampeonato al derrotar 2-0 al Pachuca en el campo del Club Reforma, ante una asistencia de cinco mil espectadores, algo que nunca se había visto en un partido de futbol. […] La oncena se mete en el ánimo y las conversaciones de toda la colonia hispana. Llega la popularidad, los jugadores salen en hombres de la cancha y la gente los saluda por la calle. Españoles de todos los estratos, desde el mozo de cantina hasta el dueño de los almacenes Fábrica de Londres, se afilian al club, que logra una membresía de mil 500 socios.

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Gracias a ese reconocimiento, el Club España ganó no sólo las simpatías de los hombres ricos de la colonia, sino también su apoyo económico, el cual les permitió inaugurar el 17 de mayo de 1919 su lujoso casino en la calle de Bolívar. Su fama llegó incluso a oídos del rey don Alfonso XIII, quien le concede el título de “Real” el 3 de diciembre de 1919.

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De La dinastía azulcrema

Para 1916, en los colegios particulares de la capital la práctica del balompié era un asunto cotidiano. De esos ambientes escolares surgió el club América, resultado de la fusión de dos equipos ligados al Colegio Francés de los hermanos maristas. Uno era el Récord, encabezado por los alumnos Germán Núñez Cortina y Rafael Garza Gutiérrez, quien habría de heredar como apodo el nombre del equipo; el segundo era el Colón, que entrenaba el profesor Eusebio Cenoz, quien sugirió la formación de un solo conjunto. Para ello se convocó a una junta en los llanos de la Condesa el 12 de octubre de 1916 y ahí reunidos los 22 jugadores, sin pensarlo demasiado, eligieron el nombre de América para el nuevo club.

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De “La alcurnia rojinegra”

El Club Atlas nació como un remedio a la nostalgia. En un café de Guadalajara un grupo de jóvenes de la alta sociedad tapatía añoraba el juego que había practicado durante sus años de estudiante en Inglaterra. Ahí decidieron que el único alivio a sus males era formar un equipo de futbol.

El club quedó constituido el verano de 1916 en la casa de campo que la familia Orendáin tenía en San Pedro Tlaquepaque. Fue Juan José “Lico” Cortina quien bautizó al equipo como Atlas y también el diseñador del uniforme rojinegro. Para el escudo recurrió a Carlos Sthal, pintor y gran dibujante, quien les sugirió la “A” blanca en un fondo rojinegro. El escenario de su reencuentro con el balón fueron los llanos de La Bajadita, cercanos a San Pedro. Ahí, vistiendo sus pantalones bombachos y con un sombrero de fieltro tipo quesadilla que sólo se quitaban para cabecear, depuraron su técnica inglesa. […] mientras sus contrincantes sólo sabían pegarle al balón con la punta del pie, es decir, de “punterazo” o “puñalada”, ellos utilizaban el empeine para darle efecto a la trayectoria de la bola.

Este juego más efectista o preciosista quedó de manifiesto en el primer partido que disputaron contra el Guadalajara. Los atlistas pasearon por el campo a los rojiblancos, que desconcertados no pudieron oponer resistencia. El resultado fue un estrepitoso 18 a 0. Así nació el clásico tapatío.

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Todo es muy raro, caracho, como diría Johan Cruyff: “Jugar futbol es muy sencillo, pero jugar un futbol sencillo es la cosa más difícil que existe”. 

Gil s’en va


  • Gil Gamés
  • gil.games@milenio.com
  • Entre su obra destacan Me perderé contigo, Esta vez para siempre, Llamadas nocturnas, Paraísos duros de roer, Nos acompañan los muertos, El corazón es un gitano y El cerebro de mi hermano. Escribe bajo el pseudónomo de Gil Gamés de lunes a viernes su columna "Uno hasta el fondo" y todos los viernes su columna "Prácticas indecibles"
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