La secretaria de Energía y el golpeador

Ciudad de México /
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M+.- Gil lo leyó en la columna de Joaquín López-Dóriga, En privado, publicada en páginas contiguas acá, en su periódico MILENIO. Gamés no da crédito y cobranza, Luz Elena González, secretaria de Energía negó con rotundidad el nombramiento de Víctor Rodríguez Padilla, exdirector de Pemex, como director del Instituto Nacional de Electricidad y Energías Limpias. La secretaria afirmó que Rodríguez Padilla no ocupaba ningún cargo como servidor público “pese a que desde el 14 de mayo la Presidenta lo había anunciado y de que tomó posesión el 1 de junio”. López Dóriga reprodujo la página de la plataforma del INEEL dando la bienvenida a su nuevo director. Es que de veras.

Rodríguez Padilla es a final de cuentas el responsable del derrame de petróleo que él y la Presidenta quisieron ocultar con un barco fantasma y otros pretextos infantiles. Luego lo despidieron con la suavidad de la seda en una reunión en Palacio Nacional y le dieron el nombramiento del INEEL como premio de consolación. Hasta aquí el sello de la casa: nadie rinde cuentas, nadie es responsable, los culpables son los medios, la ultraderecha y los emisarios del pasado, así se decía antes.

Ahora mal sin bien, gran escándalo y vergüenza, asombro e indignación: Luz Elena González no hizo una sola referencia a la cobarde violencia con que este sujeto sometió, arrastró por el piso, golpeó una y otra vez a su pareja frente a un menor de edad. Nada, ni una palabra. El video lo vieron decenas de miles de personas y la Presidenta dijo “que debía aplicarse todo el peso de la ley”, si las investigaciones confirmaban los hechos denunciados. Nadie en el gobierno condenó “los hechos” que atravesaron las redes durante días. La Secretaría de las Mujeres informó que estableció contacto con María Felicia Jiménez para brindarle apoyo y orientación. Qué bien, felicidades de parte de Gilga.  

La multitud enardecida

A Gamés no le gustan las multitudes, las considera capaces de cualquier vileza. Las celebraciones en el Ángel y Avenida Reforma desde el primer triunfo del equipo nacional han tenido la marca del desmadre y el relajo, la aglomeración, los empujones, las tamaladas. Después de la segunda victoria contra la selección de Corea, los diarios informaron que las autoridades recogieron 40 toneladas de basura con las que 400 mil aficionados, o como se llamen, adornaron las calles.

El cuarto partido fue el paroxismo. Los medios reportaron un millón de asistentes al desmadre y, por desgracia, cuatro muertos. En el amontonamiento de la muchedumbre y una estampida dos mujeres y un hombre murieron asfixiados, un cuarto hombre sufrió un paro cardiaco.

Si el juego deja de serlo para convertirse en un ejercicio de psicosis y violencia, el futbol pierde su esencia. Todo colabora a esta locura: las redes, los gritones de la televisión, la falta definitiva de educación cívica, la necesidad de fiesta ante la inseguridad, en fon. El juego convertido en nacionalismo es el principio de la violencia.

Al segundo palo

La Selección Nacional dio lecciones de carácter en la victoria dos a cero sobre los ecuatorianos. Desde hace años, Gil no veía un primer tiempo deslumbrante del equipo mexicano. Aguirre dio con una fórmula de alquimista: Mora, Lira y Romo repartieron juego y atacaron finos, no la corretiza bárbara de 30 kilómetros por hora, sino la gambeta, el pase corto y luego el desdoblamiento del alma en puentes largos hacia la cabaña enemiga.

Hay noches mágicas que desatan las cualidades como en un sueño, así ocurrió con Gilberto Mora, un joven de 17 años y gran talla internacional que volvió locos a los ecuatorianos; el otro favorecido por la magia de la noche: Quiñones, autor de un gol de bandera y una asistencia de gol que le entregó a Raúl Jiménez en un partido inspirado. Gamés confirmó que la defensa mexicana es una fortaleza: Sánchez, Montes, Vázquez y Gallardo. Gilga ha dejado para el final a Alvarado, un jugador útil en cualquier espacio de la cancha, por la derecha y por la izquierda, a medio campo y en el área contraria, en el regate o la carrera larga.

Gamés estudió el juego Inglaterra-Congo. Los africanos no fueron un flan, más bien estuvieron cerca de la victoria, los ingleses sufrieron hasta que despertó el huracán Kane para darle el triunfo a Inglaterra 2 a 1. Veremos lo que trae la mano del destino este domingo.

Todo es muy raro, caracho, como diría Carl Gustav Jung: “La multitud no envejece ni adquiere sabiduría”. 

Gil s’en va


  • Gil Gamés
  • gil.games@milenio.com
  • Entre su obra destacan Me perderé contigo, Esta vez para siempre, Llamadas nocturnas, Paraísos duros de roer, Nos acompañan los muertos, El corazón es un gitano y El cerebro de mi hermano. Escribe bajo el pseudónomo de Gil Gamés de lunes a viernes su columna "Uno hasta el fondo" y todos los viernes su columna "Prácticas indecibles"
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