La UNAM, en mala hora

Ciudad de México /
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Ante el escándalo del examen de admisión a la UNAM vía remota vulnerado por los tramposos, Gil sólo ve una salida: repetir el examen, ahora de forma presencial. Suena como de locos, pero lo atípico de los resultados impediría darlos por buenos. ¿Y quienes sí se prepararon y aprobaron? Pues que se presenten de nuevo, qué le hacemos. Lo otro sería validar la trampa.

Gil lo leyó en su periódico Milenio en una nota muy completa de Rafael Montes: la empresa Territorium Life se comprometió con la UNAM a establecer al menos 20 candados, algunos con ayuda de inteligencia artificial para preservar la integridad del examen de admisión a bachillerato y licenciaturas y evitar cualquier tipo de trampa o engaño. Como dicen cuando explota el laboratorio: algo falló.

Resultado: la UNAM tiene un problemón en su proceso de admisión que por primera vez se realizó en línea para ambos niveles educativos. El software vulnerado costó más de 100 millones de pesos y la multa será de cuatro millones a la empresa contratada; muy poco, por cierto, para el daño educativo, político y social que ha ocasionado la empresa. Oh, sí.

Al parecer las medidas de seguridad de esa empresa han sido muy similares a las que hubiera puesto Gil Gamés: que debió integrar algoritmos de inteligencia artificial para realizar un monitoreo automatizado de cada aspirante; la plataforma debió impedir el uso de múltiples monitores o la proyección de la pantalla del aspirante en dispositivos externos, así como bloquear todas las aplicaciones no esenciales instaladas en la computadora del postulante y desactivar las funciones del teclado relacionadas con grabación, transmisión, captura de pantalla, copiado y pegado. Pues con la pena, pero más que ser vulnerado, el sistema de seguridad no existió.

Las puertas de la UNAM

Bien pensado, a la UNAM le hubiera salido baratísimo y con alta seguridad para el examen de admisión si hubieran contratado a unos cuantos jóvenes piratas del ciberespacio. Ellos son la generación que pasó por la pandemia, días y noches ante la computadora, se las saben de todas, todas. ¿Todos los alumnos hicieron trampa?, no; ¿muchos se dedicaron a buscar la forma de obtener aciertos con artimañas? Sí.

La empresa Territorium Life ya había sido contratada por la UNAM en 2025 para el examen de admisión al bachillerato, pero en 2026 fue la primera vez que la empresa supervisó las pruebas de hasta 385 mil aspirantes. Y se les reventó la cuerda. Y a las autoridades universitarias, con sus especialistas, que no son pocos, no se les ocurrió un sistema de contrapruebas de seguridad. En fon, en mala hora.

Que Gil recuerde a todos los presidentes, al menos desde Luis Echeverría, se les antoja la UNAM. También a los partidos políticos. Este error abre una puerta para la intromisión no sólo en el examen de admisión, sino al menos en una parte de la autonomía.

Expertos al ataque

Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: el error es imperdonable, pero la reacción de la UNAM ha sido transparente, un grupo de dieciséis expertos analizarán la aplicación de la prueba para esclarecer, explicar y dar certidumbre. No está nada mal, pero el resultado ya lo sabe Gilga: la prueba fue un desastre, la empresa un fiasco y las autoridades de la UNAM descuidadas por ni designar una estrecha vigilancia interior del examen. ¿Va bien Gilga o se regresa?

La Presidenta metió su cuchara, nomás faltaba que no se pronunciara ante semejante escándalo: “Es importante que se resuelva pronto, para poder dar certidumbre a todos lo jóvenes que quieran entrar a la UNAM (…) Es una institución autónoma de mucho prestigio. Les ocurrió este problema y tienen que darle solución”.

Mientras tanto, aparecen evidencias sobre cursos y servicios que ofrecían la suplantación de identidad por un costo de hasta cuatro mil pesos. También se ofrecieron los servicios de asistencia, así les llaman, en tiempo real a través de grupos de Telegram y WhatsApp, mil quinientos pesos al momento de hacer el examen para que los aspirantes tuvieran las respuestas.

La trampa siempre existirá, pero si se encuentra con la ineptitud entonces ocurre un desastre mayor.

Todo es muy raro, caracho, como diría Cervantes. “La mentira tiene alas y la verdad anda a paso de tortuga”. 

Gil s’en va


  • Gil Gamés
  • gil.games@milenio.com
  • Entre su obra destacan Me perderé contigo, Esta vez para siempre, Llamadas nocturnas, Paraísos duros de roer, Nos acompañan los muertos, El corazón es un gitano y El cerebro de mi hermano. Escribe bajo el pseudónomo de Gil Gamés de lunes a viernes su columna "Uno hasta el fondo" y todos los viernes su columna "Prácticas indecibles"
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