Lecciones de Séneca

Ciudad de México /

“Vive realmente aquel que es útil a muchos, que es útil a sí mismo, pero no los que se embotan a la sombra, yacen en sus casas como en el sepulcro”, escribió el filósofo nacido en Córdoba en Cartas a Lucilio: Epístolas escogidas...

Gil cerraba la semana mientras repasaba las Cartas a Lucilio: Epístolas escogidas. Edición de Dasso Saldívar. Las lecciones de Séneca perduran y no saben fallar. En el prólogo puede leerse esta historia conocida: “Cuando el tribuno Gavio Silvano y uno de los centuriones llegaron a la casa de campo de Séneca, a las afueras de Roma, para comunicarle la orden de Nerón de que se diera él mismo la muerte, como condena por su presunta implicación en la conjura de Calpurnio Pisón contra el desalmado emperador, el sabio de Córdoba no sólo no dio la menor muestra de temor o de tristeza, sino que pidió con su habitual serenidad que le pasaran las tablillas de su testamento”. Gil arroja a esta página del fondo estos subrayados.

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Resérvate para ti mismo, y el tiempo que hasta hoy te han tomado, te han robado o que te ha huido, recógelo y aprovéchalo.

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Asegura bien el contenido del día de hoy, y así será como dependerás menos del mañana. Mientras aplazamos las cosas, la vida transcurre.

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Todas las cosas, Lucilio, en realidad nos son ajenas, sólo el tiempo es bien nuestro.

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Tal vez podrías preguntarme qué hago yo que ando repartiendo consejos. Te confieso francamente que, a guisa de hombre fastuoso, pero ordenado, llevo exacta cuenta de las pérdidas. No cabe decir que no pierdo nada, y bien te diría lo que pierdo, y por qué y de qué manera, y harto te expondría las causas de mis necesidades. Pero me acontece como a la mayoría de los hombres caídos en la pobreza y sin culpa: todo el mundo me perdona, pero nadie me socorre.

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Pero no basta conque sepamos dónde hallar la felicidad, es preciso saber llegar a ella. La lograremos cuando no estemos afligidos, cuando las esperanzas no perturben nuestra alma, cuando alcancemos la serenidad. Aprovechemos el tiempo y la brevedad de la vida, sabiendo que el bien no se encuentra en su duración, sino en su utilización. Es frecuente que haya vivido poco quien ha cumplido muchos años. La codicia de los placeres es contraria al gozo y a la sabiduría, el hombre es de apetitos ilimitados, y esto lo desequilibra y lo hace más vulnerable e injusto, convirtiéndose en una fuente de sufrimientos. Debemos modelar nuestra alma antes de que el vicio nos la endurezca.

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…no es pobre quien poco posee, sino quien desea más de lo que tiene.

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No saber soportar las riquezas es propio de alma endeble. Puedo hacerte asimismo partícipe del logro de hoy; te diré que he encontrado en nuestro Hecatón que el fin de los deseos significa igualmente el fin de los temores. «Si terminas de esperar, terminarás también de temer.»

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…con quien más tendrás que luchar es contigo mismo: eres tú mismo quien te estorbas […] tienes por gran cosa lo que has de dejar, y en cuanto te propones aspirar a aquella seguridad que confías poder alcanzar, te detiene el brillo de la vida de la cual tienes que apartarte, supones que vas a caer en las tinieblas y el fango.

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…si en un viaje tan largo y por tanta variedad de países no has conseguido liberarte de la tristeza y la pesadez de corazón? Es el alma lo que tienes que cambiar, no el clima.

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¿Me preguntas por qué no has hallado consuelo en tu huida? Porque escapaste contigo mismo.

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Vive realmente aquel que es útil a muchos, que es útil a sí mismo, pero no los que se embotan a la sombra, yacen en sus casas como en el sepulcro. En el mármol de su dintel podrías poner esta inscripción: «Acabaron antes de morir».

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Siendo lo mejor de un consejo su oportunidad en el tiempo, por fuerza tiene que suceder que mi parecer sobre ciertas cosas te llegue cuando ya sería mejor lo contrario, ya que los consejos se adaptan a las cosas y nuestras cosas se nos van de continuo, o, mejor dicho, nos huyen rodando; por esta razón el consejo tiene que ser dado al día.

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…tendríamos que vivir como si siempre nos estuviésemos viendo, tendríamos que pensar como si alguien pudiera mirar incluso en nuestro interior.

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Como todos los viernes, Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras se acerca el mesero con la charola que soporta el Glenfiddich 15, Gamés pondrá a circular las frases de Séneca por el mantel tan blanco: “…requiere la misma virtud gobernarse en la alegría que gobernarse en el dolor”. 


  • Gil Gamés
  • gil.games@milenio.com
  • Entre su obra destacan Me perderé contigo, Esta vez para siempre, Llamadas nocturnas, Paraísos duros de roer, Nos acompañan los muertos, El corazón es un gitano y El cerebro de mi hermano. Escribe bajo el pseudónomo de Gil Gamés de lunes a viernes su columna "Uno hasta el fondo" y todos los viernes su columna "Prácticas indecibles"
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