Los Mundiales

Ciudad de México /

Le he pedido a mi buen amigo Gil Gamés que por esta vez me preste su página del fondo para seguir con este recuento de la vida y los Mundiales. Aceptó. Entonces sigo.

***

México, 1986. Un año después del terremoto de 85. El presidente De la Madrid se lleva una gran rechifla en la ceremonia de inauguración. México pasa a los cuartos de final. Juega en Monterrey contra Alemania. La revista Nexos, donde trabajo como editor, cierra sus puertas. He iniciado el duro aprendizaje de la vida doméstica en pareja. Aquel juego termina con un empate. 120 minutos sin goles. Íbamos a los penales. Alemania anotó cuatro disparos, México solamente uno. Adiós. Bora Milutinović retiraba a sus jóvenes jugadores y yo leía Los Miserables. 29 años.

Italia, 1990. Maradona se convirtió en un héroe en Argentina y un villano en Italia, un héroe trágico. Alemania se coronó derrotando a Argentina. Recuerdo a Salvatore Schillaci, un finísimo jugador. Fernanda tenía dos años. Me encierro una larga temporada en la hemeroteca leyendo periódicos del siglo XIX, una de las épocas más plenas de mi vida.

Estado Unidos, 1994. La Selección Mexicana me entusiasma de nuevo. Los equipos del grupo de México terminan todos con 4 puntos: Noruega, Irlanda, México e Italia.  Vienen a casa una mañana mi padre y Pepe, mi hermano, a ver el juego contra Italia. La locura: Marcelino Bernal empata el juego con un gran disparo de fuera del área. Alonso tiene un año, Delia 35. Quería escribir un libro de relatos, no podía.

Francia, 1998. Gran mundial de México. Compré una televisión y la puse en el comedor. Invité amigos. Recuerdo que vinieron Fadanelli y Luis Muñoz. Mi papá se sentó en silencio y con su gorra a ver a los jugadores de Lapuente. Futbol: temblor y emoción. Empate contra Bélgica a 2. Empate extraordinario contra Holanda. En octavos de final México estuvo cerca de eliminar a Alemania. Primero un gol de Luis Hernández al inicio del segundo tiempo. El Matador falló un gol y el árbitro le negó un penal a México. Pero los alemanes vinieron de atrás y aprovecharon los errores mexicanos. Klinsman empató y Bierhoff anotó de cabeza. Así mueren las ilusiones.   Cumplí 41. Todos me decían que había llegado a la mejor edad de la vida.

Corea-Japón, 2002. En mi cabeza un torneo casi para el olvido. Horarios de madrugada. Javier Aguirre llevó al equipo en primer lugar de grupo, por encima de Italia. Aquel gol de Borgetti. Pero inexplicablemente, como todo lo que pasa con el equipo mexicano, perdió con Estados Unidos, nuestra némesis: Landon Donovan. Leí por segunda vez El Conde de Montecristo. Me siento rodeado de amigos. Cada fin de semana una fiesta. Había cumplido 45.

Alemania, 2006. Italia gana el campeonato en penales frente a Francia. Lavolpe lleva a su equipo a octavos de final contra Argentina en un juego que recordaré siempre. Lo estoy viendo: Márquez marcó y puso en ventaja a México. Crespo empató y el juego se cerró como un portón a siete llaves. El partido se encaminaba a los tiempos extras cuando Maxi Rodríguez sacó un disparo desde fuera del área y lo mandó al más allá de las redes mexicanas. Osvaldo Sánchez,  nuestro arquero, voló, se estiró, gritó, pero nada. Nos eliminaron. Un Mundial triste. Me separé de mi hermano mayor, discutimos, nos gritamos por la elección de aquel año. López Obrador había empezado la destrucción del país.

Sudáfrica, 2010. Una selección española de ensueño se llevó la copa: Casillas, Ramos, Piqué, Puyol, Capdevila, Busquets, Alonso, Xavi, Iniesta, Rodríguez y Villa. México fue eliminado por Uruguay. Viajamos a España en esos tiempos, por la noches escribía breves crónicas para el diario en el cual escribía. Buenos tiempos. Empecé a escribir un libro sobre mi familia con una sola condición: libertad absoluta. Mis padres habían muerto de su muerte, es decir, de viejos. Yo me recuperaba de un cáncer.

Brasil, 2014. Alemania le metió 7 goles a Brasil. No lo olvido. Tampoco olvido que mi hermano había muerto un año antes. Vi el Mundial triste y melancólico.

Rusia, 2018. Brasil dejó fuera a México 2 a 0. Al equipo lo entrenaba Osorio.  Nunca me gustó. Tampoco me gustaba López Obrador, quien ganó las elecciones. Algunos sabíamos lo que vendría para México, no para la selección. Ganó la copa Francia frente a Croacia.

Catar, 2022. Seguí el torneo desganado. Más por mí que por los juegos. Se jugó en noviembre y diciembre. La final de alarido la vi con covid. Me emocioné con todo y la fiebre. Aquel día de la final ya había cumplido 65 años y recordé el día en que la maestra Eustolia nos dejó salir una hora antes para ver el partido de México. _


  • Gil Gamés
  • gil.games@milenio.com
  • Entre su obra destacan Me perderé contigo, Esta vez para siempre, Llamadas nocturnas, Paraísos duros de roer, Nos acompañan los muertos, El corazón es un gitano y El cerebro de mi hermano. Escribe bajo el pseudónomo de Gil Gamés de lunes a viernes su columna "Uno hasta el fondo" y todos los viernes su columna "Prácticas indecibles"
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