Mélenchon

Ciudad de México /

Una lluvia de días arrastró a Gil hasta el martes. Los martes, se sabe, esconden oquedades. Y como decía la extinta madre de Gamés: tenía que ser. Gilga cayó en un hoyo del tiempo. Jean-Luc Mélenchon ha visitado México y su periódico La Jornada ha publicado una entrevista de Blanche Petrich armada solo con las respuestas del político francés, miembro del Partido Socialista. Mélenchon nació en Tanger, Marruecos; mide un metro con 74 centímetros, no es un hombre alto, sus conceptos tampoco son muy altos, más bien de estatura media. Líder del movimiento Francia Insumisa, Mélenchon es un conspicuo representante de la extrema izquierda francesa y ha llegado a nuestro país “a respirar, a conocer a este señor AMLO (así llama al presidente Andrés Manuel Liópez Obrador) que tanto me llama la atención, a aprender de este proceso mexicano, que seguramente va a dar un nuevo impulso a América Latina y a Europa. Vengo a buscar inspiración y un poco de optimismo”.

No deja de ser curioso que Gilga busque lo mismo que Mélenchon, inspiración y un poco de optimismo: “ahora está México en un hecho nuevo, un proceso que tiene características destituyentes muy fuertes. Con la Cuarta Transformación propone un proceso típicamente de revolución ciudadana, es decir, de recuperación del poder por la gente.”

Revolución ciudadana. Anjá. Recuperación del poder por la gente, pero no cualquier gente, debe tratarse de gente buena, muy buena, buenísima.

“Me parece que AMLO tiene una visión muy clara de lo que se puede hacer estando tan cerca de Estados Unidos y por eso es tan cuidadoso”. Gil se llevó los dedos pulgar y anular a las sienes, un gesto urgente de nuestros tiempos: tan cuidadoso que para evitar los aranceles que quiso imponer Trump hemos arrestado a mil migrantes al día y sellado nuestras fronteras, la sur y la norte.

Chávez, Correa y AMLO

Mélenchon: “Vengo derrotado. Nuestro movimiento perdió mucho en las elecciones parlamentarias. Pagamos cash, y muy caro, el apoyo que le dimos al movimiento popular de los chalecos amarillos, que fue abandonado a su suerte por la clase política, las clases medias, los intelectuales e incluso el movimiento sindical. Los vieron como bárbaros y violentos”.

“A Hugo Chávez (ex presidente de Venezuela), a Rafael Correa (ex presidente de Ecuador, exiliado), ¡y a AMLO!, les aprendí a hacer campañas apelando a los ciudadanos, no a la razón de ser de izquierda”.

Este político se define como “francés latinoamericano” y como “un intelectual que por accidente encabeza un movimiento de masas”. Masas, misas, mesas y musas, todo es azaroso.

El texto de su periódico La Jornada afirma: “A Mélenchon lo caracteriza su pasión por los procesos del llamado ciclo progresista latinoamericano desde sus inicios, con el triunfo de Hugo Chávez en 1999 en Venezuela (…) Este periodo, entendido como un momento político civilizatorio, tuvo una característica común: la derrota de las derechas. La ola democrática latinoamericana se constituyó en contra de esas políticas neoliberales”. Un momento político civilizatorio. Gil se arrodilló y se hizo una quesadilla con la derrota de las derechas y con el momento civilizatorio. Gran quesadilla.

“Al principio no sabíamos ni cómo llamar a esos procesos en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina, Brasil… Pero Europa sí que tenía que aprender de ellas. Lo primero es que eran procesos ciudadanos, muy diferentes a lo que la generación anterior llamamos las revoluciones socialistas. En la primera fase es un momento destituyente, que resume la frase de la experiencia argentina: ‘Que se vayan todos’. Y años después, con la expresión de AMLO: ‘Al diablo las instituciones’. Suena fuerte, pero no quiere decir un rechazo a la forma organizada de la sociedad, sino de rechazo a unas instituciones que están para imponer un modelo económico”. Este razonamiento francés está muy raro. Pero este que viene es para morirse: “Yo fui capaz de hacer una campaña electoral tan novedosa en Francia porque aprendí a Hugo (Chávez), a Rafael (Correa), a Cristina (Kirchner)”. ¿Pueden ustedes, conocedores, informarle a Gamés cuál es el estado de los países de los cuales aprendió Mélechon?

Gil caminó sobre el amplísimo estudio y concluyó: Mélenchon es un farsante. Por cierto en Baja California, Mélenchon sostuvo un diálogo con Paco Ignacio Taibo, quien con aplomo dijo: “el capitalismo es un mierda”.

Todo es muy raro, caracho, como diría Joseph Addison: “Nada que se consiga sin pena y sin trabajo es verdaderamente valioso”.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com

  • Gil Gamés
  • gil.games@milenio.com
  • Entre su obra destacan Me perderé contigo, Esta vez para siempre, Llamadas nocturnas, Paraísos duros de roer, Nos acompañan los muertos, El corazón es un gitano y El cerebro de mi hermano. Escribe bajo el pseudónomo de Gil Gamés de lunes a viernes su columna "Uno hasta el fondo" y todos los viernes su columna "Prácticas indecibles"
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