Sin partidos de futbol, Gil se pierde en ensoñaciones. Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil meditaba: ¿todo es una mentira? En ésas estaba mientras leía esta noticia: el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, afirmó que “no volverá a haber elecciones” en el país, para evitar que los opositores “atrapen el gobierno” nuevamente, reforzando aún más sus planes de afianzar el poder que comparte con su esposa, un año antes de que finalice la actual gestión. Gil cita esta nota traída de su periódico La Jornada, para evitar diferendos con lectores desconfiados.
Ortega asumió en enero de 2022 su cuarto mandato consecutivo, tras ganar los comicios de noviembre del año anterior, en medio de las crecientes críticas y las sanciones de buena parte de la comunidad internacional, con Estados Unidos y la Unión Europea a la cabeza.
Ortega, un ex rebelde marxista que ayudó a derrocar la dictadura derechista de la familia Somoza a fines de la década de 1970, es el líder que más años lleva en el cargo en América, desde 2007, cuando regresó al poder tras un periodo en la década de 1980.
Escuche usted de nuevo y con mayor exactitud: “Aquí no volverá a haber elecciones (...) para que por ahí intenten ellos (la oposición) atrapar al Gobierno, atrapar al poder”, dijo anteanoche Ortega en un acto para conmemorar el 47 aniversario de la revolución sandinista, celebrado en Managua. “Se acabó la historia de que los partidos puestos por los ‘yanquis’, puestos por los ‘somocistas’, vuelvan a llegar al gobierno. Jamás, jamás”.
Félix Maradiaga, dirigente opositor, excarcelado y expulsado a Estados Unidos en 2023, dijo en declaraciones enviadas a Reuters que las palabras de Ortega “no constituyen una demostración de fuerza, sino una confesión de miedo”.
Dictadura
“Ortega reconoció públicamente lo que siempre ha sido su verdadera intención: impedir que su proyecto tiránico sea sometido a cualquier forma de competencia democrática”, afirmó Maradiaga, presidente del movimiento opositor en el exilio Ruta del Cambio y uno de los seis candidatos presidenciales encarcelados por Ortega previo a las elecciones de 2021.
Nicaragua atraviesa una grave crisis política desde abril de 2018, cuando el presidente respondió a las protestas antigubernamentales con una represión en la que murieron más de 300 personas, según organismos de derechos humanos.
Gil se pregunta si Sheinbaum y su gobierno emitirán algún comunicado refiriéndose a este ataque final a la democracia: cero elecciones.
Ahora mal sin bien: ¿esta es una parte de la izquierda latinoamericana? Si la respuesta es positiva, Gil sale como alma que lleva el diablo.
El arrepentimiento del Mayo Zambada
Gamés leyó en su periódico MILENIO la magnífica cobertura sobre El Mayo Zambada en sendas notas bien informadas de Ángel Hernández y AP. Zambada, dice Hernández, aceptó su destino: morir en prisión. En una carta entregada en exclusiva a su periódico MILENIO, El Mayo reconoce la gravedad de los crímenes que cometió durante tres décadas mientras dirigió la red criminal que fundó con Joaquín El Chapo Guzmán.
Un Zambada contrito dijo: “La violencia debe terminar… se pierden demasiadas vidas, se destruyen demasiadas familias y demasiados jóvenes quedan atrapados en un ciclo que sólo conduce a la cárcel o a la muerte”. Y luego añadió en una carta que obra en poder de su periódico Milenio: “Asumo plenamente la responsabilidad por mis actos. Sé que causaron grave daño y no hay justificación para lo que hice. Hoy enfrento las consecuencias con respeto a la ley y las instituciones que me juzgaron”.
Dictadas, obligadas o impuestas, cualquiera diría que en el corazón de este hombre hay un resquicio para el arrepentimiento. Anjá, sí como ño. Este grandísimo asesino, torturador cruel, secuestrador, autor intelectual de felonías y sevicias monstruosas se dedicó a perfeccionar el mal y casi ha ganado la batalla, pues llegó impune hasta los 76 años. Lo tuvo todo mientras trasegaba droga: poder, fama, dinero, un ejército de matones, funcionarios públicos bajo soborno, policías comprados y una cauda de innumerables desaparecidos a los que ordenó asesinar.
Todo es muy raro, caracho, como diría George Orwell: “Si la libertad significa algo, será el derecho a decirle a la gente lo que no quiere oír”.
Gil s’en va