Así decía la extinta madre de Gil Gamés. Según trascendidos intrascendentes, el presidente Liópez estaba hecho un basilisco y con unos fuertes dolores en la zona hepática. La rabieta ha sido de antología. Una nota de la redacción de Animal Político informó que “el presidente Andrés Manuel López Obrador criticó este sábado la decisión de la Suprema Corte de frenar la aplicación del ‘plan B’ electoral al considerar que ‘son la misma mafia’ y ‘partidarios de la oligarquía’ los que tomaron esa decisión (…) Pueden porque es la misma mafia, son iguales que Ciro (Murayama), que Claudio X. González, que los conservadores que no quieren que haya democracia(…) Porque ellos son partidarios de la oligarquía, no de la democracia”. dijo al ser cuestionado por reporteros en Quintana Roo.
En la noche del viernes, la Suprema Corte de Justicia de la Nación anunció que el ministro Javier Laynez Potisek otorgó al INE una suspensión por la que quedan sin efecto por tiempo indefinido las reformas impugnadas del llamado “plan B” impulsado por López Obrador. El ministro Laynez Potisek estudió el asunto y sentenció argumentando su decisión en que hay una posible violación a los derechos político-electorales de la ciudadanía, ante cambios en la operación del órgano electoral.
Su Dios es el dinero
El Presidente maldijo: “¿Saben qué es la oligarquía?, es el gobierno de los ricos, y la democracia es el gobierno del pueblo, entonces ellos no quieren el gobierno del pueblo, entonces por eso no quieren la reforma electoral, eso es lo que está sucediendo”. Anjá: ¿más mezcla maistro, o le remojo los adobes?
Voy derecho y no respondo chipote con sangre, sea chico o sea grande: Laynez escribió en el documento de marras: “Para evitar la posible disminución de la capacidad operativa del órgano y con ello salvaguardar el sistema democrático nacional, se impone el otorgamiento de la medida cautelar frente a la totalidad del decreto impugnado”.
Tremendo varapalo a la iniciativa presidencial que al parecer nadie leyó, ni los diputados, ni los legisladores, ni los que la escribieron. Como cuatro mil cuartillas, Gil se mataba si tuviera que leer el engendro. Sin embargo, para López Obrador el ministro y quienes están de acuerdo con la decisión están molestos porque la reforma electoral, dijo, busca reducirles los sueldos, y su dios es el dinero.
Liópez repitió una vez más con su habitual fluidez lingüística: “Además, los distinguidos miembros del Poder Judicial y del INE ganan más que lo que gana el Presidente de la República, entonces como la Ley, lo que busca es reducir los sueldos elevadísimos de los consejeros y de los jueces, magistrados, ministros de la Corte, pues no quieren, porque ellos tienen como dios al dinero, su único dios es el dinero, ese es el fondo del asunto”. Gil se imaginó a los trabajadores del INE y sobre todo a los consejeros ante un altar con una cruz y en ella un billete de cien dólares crucificado: Perdona nuestros pecados y tráenos a tus hermanos en maletas grandes y numerosas.
Carta Magna mutilada
La Consejería Jurídica emitió un boletín en el cual afirma que el ministro Laynez le arrancó hojas a la Constitución para otorgar la suspensión. Gil no dejó de notar que el documento de la Consejería fue redactado como si el gobierno fuera la oposición. En el fondo se sienten la oposición (ción-ción-ción), pero actúan como lo que son, un gobierno autoritario. ¿Cómo la ven? Dicho esto sin la menor intención de un albur jurídico.
Así las casas (muletilla patrocinada por el gran patrocinador Bartlett chu-chu-chu): el Presidente “no permitirá que se violente la Constitución ni el orden jurídico mexicano y solicitará al Pleno de la SCJN revocar el acuerdo que admite a trámite dicha controversia”. Sí, Chucha, como ño.
Basura en París
Gil leía en sus periódicos noticias de la huelga de los trabajadores de limpieza en París. Una parte importante de la gran ciudad-museo se ha convertido en un basurero gigantesco. Gamés recordó entonces una anécdota de otra huelga que repletó las calles parisinas de inmundicia. E. M. Cioran salió de su departamento y caminó calle tras calle entre basura hasta que llegó al edificio en el cual vivía Samuel Beckett. Cioran tocó el timbre y le dijo a Beckett por el interfón: ¡Sam!, baja y demos un paseo, la ciudad está más hermosa que nunca.
Ya me se olvidó
¿Qué haremos sin la catafixia? ¿Sin el amigo de todos los niños? ¿Entonces de verdad la inmortalidad no es posible?
Todo es muy raro, caracho, como decía Chabelo: “Jugaré, reiré y quizá hasta lloraré”.
Gil s’en va