Poder y futbol

Ciudad de México /

Gil encontró este libro en su mesa de novedades: Goles sangrientos, de Luciano Wernicke (Altamarea, 2026). Gamés pone un puñado de subrayados.

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En 1935, el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán aprobó las Leyes de Núremberg (…) que supusieron el inicio de la discriminación y la persecución de la colectividad judía alemana. (…) La medida alcanzó a los futbolistas judíos, a quienes se prohibió formar parte de los equipos inscritos en los campeonatos nacionales y regionales. (…) Al mismo tiempo, los futbolistas que sí podían participar en las competiciones oficiales fueron obligados a asistir a cursos de orientación política en los que estudiaban la biografía de Hitler, la organización del Partido Nacionalsocialista o los principios ideológicos vertidos en Mi lucha. Una vez por semana, los jugadores eran aleccionados después del entrenamiento por un profesor enviado por el Reich. Estas clases incluían el perfeccionamiento del saludo nazi que todos los equipos debían realizar antes de rodar el balón.

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“… tras su ausencia en Los Ángeles 1932, el futbol volvió a ser deporte olímpico gracias a las gestiones de los delegados alemanes ante el COI y la FIFA con el apoyo de dirigentes italianos y de otros países europeos. La reincorporación de este deporte consiguió un verdadero milagro: que Hitler se interesara por observar un partido de futbol (…) la tarde del 7 de agosto de 1936, el führer se presentó en el palco de Poststadion de Berlín para presenciar el partido de cuartos de final contra Noruega. Lo acompañaban —además de Goebbels— su lugarteniente, Rudolf Hess; el comandante en jefe de la Luftwaffe, Hermann Göring, y el reichsführer de las temibles SS, Heinrich Himmler. (…) lo que parecía un trámite sencillo destinado a alegrar a Hitler y a 55 mil espectadores se transformó en una suerte de Maracanazo. Los noruegos, dirigidos por un exfutbolista del Hamburgo, Asbjørn Halvorsen, se impusieron por 0-2. Cuando Magnar Isaksen, autor de los dos goles, anotó su segunda diana siete minutos antes del final del partido, Hitler se levantó del asiento y, echando chispas y maldiciones, escapó del estadio seguido por Goebbels, Himmler, Hess y una catarata de excusas. Ese fue el único partido de futbol que presenció el führer. Encima, incompleto.”

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El 9 de abril de 1940, las tropas nazis desembarcaron en la costa noruega apoyadas por un enjambre de aviones de la Luftwaffe que había despegado de Dinamarca. (…) Una de las primeras presas de la Gestapo fue un exfutbolista llamado Asbjorn Halvorsen. Alojado inicialmente en la cárcel de Møllergata, Halvorsen pasó enseguida a un centro de prisioneros en las afueras de Oslo (…) ¿Cuál era el crimen que se le imputaba a esta hombre, cristiano devoto y esposo de una mujer alemana? Asbjorn Halvorsen había sido titular indiscutible en el Hamburgo que, entre 1922 y 1934, conquistó 10 títulos regionales y dos campeonatos de Alemania. (…) Una versión sostiene que, en uno de los centros de detención germanos por los que pasó, el noruego se encontró con un excompañero del Hamburgo, Otto Harder, que no estaba en calidad de prisionero sino como jefe de los guardias gracias a su encumbrada posición en las SS. (…) Halvorsen le imploró que le informara por qué se le había arrestado y desterrado. De acuerdo con esta versión, Harder le respondió que su delito había sido humillar a Adolf Hitler la única vez que este asistió a un partido de futbol. Halvorsen era el entrenador del equipo que derrotó a Alemania en los Juegos Olímpicos de Berlín.

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Más sonado fue el caso del mejor futbolista austriaco de entonces, Matthias Sindelar (…), gran figura del Mundial de Italia, conocido como El Mozart del Futbol o El Hombre de Papel por su altura, delgadez y aparente fragilidad. Nacido en 1903 en Kozlov (Moravia, actual República Checa), Sindelar se negó a servir al régimen de Hitler aunque sólo se tratara de futbol (…) Sindelar provenía de una familia católica; sin embargo, tras iniciar su carrera en el Hertha de Viena, pasó a las filas del Austria Viena, club que tenía fuertes lazos con la comunidad israelita. (…) El Hombre de Papel murió el 22 de enero de 1939 en extrañas circunstancias. Según la versión oficial, falleció junto a su novia judeo-italiana Camilla Castagnola a raíz de un escape de gas accidental ocurrido en el apartamento que compartían en Viena. Otras hipótesis hablan de un atentado por parte de los nazis o de un pacto suicida de la pareja al verse perseguidos por las SS.

Todo es muy raro, caracho, Gil recuerda esta frase que ignora quién pronunció: “Un estadio puede convertirse en el espejo de una nación”

Gil s’en va


  • Gil Gamés
  • gil.games@milenio.com
  • Entre su obra destacan Me perderé contigo, Esta vez para siempre, Llamadas nocturnas, Paraísos duros de roer, Nos acompañan los muertos, El corazón es un gitano y El cerebro de mi hermano. Escribe bajo el pseudónomo de Gil Gamés de lunes a viernes su columna "Uno hasta el fondo" y todos los viernes su columna "Prácticas indecibles"
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