¡Ay mis hijos! Perdidos en la banalidad y la mentira. La Presidenta se refirió en la mañanera al grupo coreano BTS, unos jóvenes que cantan y bailan (es un decir) y que vendrán a México a dar tres conciertos. Sheinbaum se preocupó, pues a esos conciertos solamente podrán asistir 150 mil jóvenes cuando, según se le informó, un millón de muchachos quiere bailar al ritmo de BTS. ¡Qué problemón! Jesús, una solución, pero ¡ya!
Como usted no sabe quién es BTS y seguramente no asistirá a uno de los tres conciertos que ofrecerá en México, Gil le ofrece una cápsula informativa: BTS quiere decir algo así como “jóvenes a prueba de balas” y se han convertido en un fenómeno mundial. ¿Recuerdan ustedes al grupo Menudo?; sí, los que cantaban “Súbete a mi moto”, de ahí salió una gema valiosa, Ricky Martin, pues lo mismo, pero en versión coreana. Su gran éxito, “Dynamite”, enciende los estadios del mundo. Gamés los ha visto en Youtube y la cosa es para llorar, pero no nos vamos a pelear con el éxito de BTS.
Ahora mal sin bien, la Presidenta recibió una posible solución, o ella la inventó, para que los desposeídos que no podrán ver a BTS tengan una oportunidad. Los boletos cuestan 12 mil pesos y más. Ustedes ya lo saben, sí, no se hagan los desentendidos.
La carta
Sheinbaum le ha enviado una carta al primer ministro coreano para pedirle, “respetuosamente”, que mueva sus influencias para que BTS ofrezca más conciertos en México. Aigoeei.
¡Jesús!, escribe, y sin faltas de ortografía: “Sr. Ministro de Corea del Sur. Estimado Kim Min-seok: Como seguramente es de su conocimiento, el grupo BTS ofrecerá tres conciertos en nuestro país. Yo, como representante le pueblo mexicano, quiero pedirle que BTS, o como se diga, nos regale más funciones en esta tierra del nopal y de las tunas. Sin más por el momento, le envío un saludo solidario. Atenta y afectuosamente, la Presidenta de México”.
Gamés no sabe de formalidades diplomáticas, pero de alguna forma parecida tuvo que escribir esta carta Claudia Sheinbaum. Ya nos lo dirá el canciller Juan Ramón de la Fuente, que seguramente estuvo enterado de este intercambio.
Gilga les pide que no se remilguen, una carta y ya, qué tiene de malo. Nada. Todo mundo sabe que es común que un mandatario se dirija a otro para pedir que un grupo de jóvenes cantantes y bailarines ofrezcan conciertos. Ocurre cada día y todo mundo lo sabe: Macron le pidió al Bundespräsident der Bundesrepublik Deutschland, Frank-Walter Steinmeier, que s’il vou plait convenció a Rammstein, grupo metalero alemán muy cañón, para que diera más conciertos en Berlín. Como no le hizo caso Steinmeier y lo tiró a lurias, Macron se dirigió entonces a Fiedrich Merz. O sea, cosa de todos los días.
Además, como casi no tenemos problemas en estas tierras del Señor, Sheinbaum se dio tiempo para escribirle al primer ministro coreano. Aún no hay respuesta. Es que de veras. En fon.
Monreal dice
Gilga lo leyó en su periódico El Financiero y en la columna “La Feria” de Salvador Camarena: “Esta es la tesis del líder de Morena en San Lázaro: los afiliados y simpatizantes de un movimiento que prometió ser austero y honesto, explicó el doctor en derecho, tienen que ‘ser ejemplo, aunque no siempre lo somos, pues nos excedemos y abusamos, e incluso violamos lo que nosotros construimos como doctrina filosófica; pero el 99 por ciento de militantes de Morena, de simpatizantes de Morena, cumple con ese ideario político que nos propusimos y el uno por ciento lo distorsionamos’”.
Gamés ha considerado que lo que verdaderamente necesitamos en México son psiquiatras para resolver los trastornos de la personalidad que aquejan a los dirigentes de Morena como el doctor en derecho, but of course, diría el clásico, Ricardo Monreal. Según Monreal, solo el uno por ciento de Morena distorsiona el ideario político. Caramba, para empezar convendría saber quiénes forman parte de ese uno por ciento, algo es algo, dijo un calvo: ¿Dos bocas, Tren Maya, huachicol fiscal, aduanas, narco? En fon.
Todo es muy raro, caracho, la doctrina filosófica de Morena le fue revelada a Gamés: “Lo que de aquí pallá es de subida, de allá pacá es de bajada”.
Gil s’en va