Segundo Informe: cerca de lo lejos y lejos de lo cerca

Ciudad de México /
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Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil se reponía de la pedrea de verdades que la Presidenta lanzó en su segundo informe de gobierno. En esas estaba Gamés, asomando la cabeza entre las verdades como entre los escombros cuando se enteró en su periódico MILENIO y en una nota de Israel Navarro que algo se había movido en el tablero político de Morena.

El mensaje con motivo del segundo Informe de gobierno de la presidenta Sheinbaum mostró quién está cerca del poder, los que están a la distancia y sobre todo, los que están fuera, por ahora. Ah, carambas, caviló Gil veamos quiénes son unos y quiénes son otras, o al revés.

“En un año cambian muchas cosas: el cariño, los afectos, los odios, las lealtades, los lugares, tanto en el proyecto como en los actos. Hace un año hablábamos del lugar en gayola que ocupaban Gerardo Fernández Noroña y el entonces coordinador de Morena en el Senado, Adán Augusto López Hernández, en la sexta y quinta fila, respectivamente”.

Pues resulta que al segundo Informe de plano no fueron, o no fueron invitados. Pese a ser dos aspirantes presidenciales y a seguir buscando un puesto de poder en el Senado, como Fernández Noroña, que buscó de nuevo dirigir la Mesa Directiva, o bien el tabasqueño López Hernández, que aún opera el reparto de espacios a sus legisladores, al menos en Palacio Nacional les marcaron distancia.

Noroña quiere llorar, quiere llorar. Adán se despierta sudoroso en las madrugadas víctima de pesadillas espantosas.

Aquellos soñadores

Los aspirantes de aquella cena en el restorán El Mayor, en República de Argentina, allá en el Centro, donde Liópez les llamó corcholatas a los aspirantes a la candidatura de Morena a la presidencia (y por cierto ellos y ella encantados de la vida), que sí estuvieron presentes fueron Ricardo Monreal, líder de los morenistas en San Lázaro, que disfrutó su última invitación para presenciar el mensaje presidencial, pues en un año no tendrá ni cargo, ni fuero, y a decir de él estará lejos de la política. Anjá, sí, cómo no.

A su lado estuvo el coordinador del Partido Verde en el Senado, Manuel Velasco, y el líder de los senadores de Morena, Ignacio Mier. Ellos compartieron fila con las lideresas de Morena, Citlalli Hernández y Ariadna Montiel, quien el año pasado estuvo del lado de los funcionarios federales como titular del Bienestar.

Siéntense los que estén parados, párense los que están sentados (no empiecen): Andrés Manuel López Beltrán tuvo que ver el mensaje en alguna pantalla, pues a diferencia del año pasado, donde estuvo junto a Luisa María Alcalde cuando encabezaban Morena, ahora brilló por su ausencia. Es que sin vida la visa no es lo mismo, o como se diga. Éjele que a Gilga no lo van a marear, si no asistieron López Beltrán y Adán Augusto López habrá sido para protegerlos y para destantear al enemigo.

Ebrard

El único aspirante de aquella noche que estuvo en primera fila fue el secretario de Economía, Marcelo Ebrard. Gamés no prodigará elogios, pero es el único político profesional con que cuenta Sheinbaum; bueno, eso si descontamos desde luego a Taibo, gran editor, político y escritor, lo que se dice un humanista, quien llegó a Palacio con pasito tun-tun. A un lado de Ebrard estuvo el debutante en los actos de Estado, Roberto Velasco, titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

El Ejército y Omar

La única distinción que hizo la Presidenta en los 56 minutos de su mensaje fue a su Gabinete de Seguridad, por reducir en 51 por ciento los homicidios dolosos. O sea al Ejército y a Omar Harfuch: “Quiero agradecer al Gabinete de Seguridad: al general secretario, Ricardo Trevilla Trejo; al almirante secretario, Raymundo Pedro Morales Ángeles; al secretario de Seguridad, Omar García Harfuch; a la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez; y a la consejera jurídica, Luisa María Alcalde, por el trabajo permanente durante estos meses, estos dos años, para poder alcanzar estos resultados en seguridad, aunque sabemos que la seguridad es fruto de la justicia”, reconoció.

Todo es muy raro, caracho, como diría Séneca: “Nadie puede llevar mucho tiempo una cara para sí mismo y otra para la multitud sin acabar confundido sobre cuál es la verdadera”

Gil s’en va


  • Gil Gamés
  • gil.games@milenio.com
  • Entre su obra destacan Me perderé contigo, Esta vez para siempre, Llamadas nocturnas, Paraísos duros de roer, Nos acompañan los muertos, El corazón es un gitano y El cerebro de mi hermano. Escribe bajo el pseudónomo de Gil Gamés de lunes a viernes su columna "Uno hasta el fondo" y todos los viernes su columna "Prácticas indecibles"
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