Thomas Mann

Ciudad de México /

Gil cerraba la semana fatigado, como si fuera diciembre y no enero. Con paso cansino caminó sobre la duela de cedro blanco hacia sus libreros y se estrelló con este libro de Thomas Mann, Consideraciones de un apolítico (Capitán Swing Libros, 2011). Aquí un puñado de líneas subrayadas.

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Para una actividad como ésta, la escritura, siempre hay un solo lema que declara su necedad, su desolación, sin desecharla del todo. Igual se encuentra en la Revolución francesa de Thomas Carlyle y dice del siguiente modo: “Has de saber que el Universo es lo que pretende ser: un infinito. Jamás intentes devorarlo, confiado en tu poder lógico de digestión; antes bien, agradece si, mediante el expediente de hundir hábilmente un pilar en el caos, impides que él te devore”.

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Pues los tiempos (1914-1918, tiempo en que escribe las Consideraciones…) eran de tal índole que ya no podía distinguirse diferencia alguna entre lo que incumbía y lo que no incumbía al individuo; todo estaba agitado y revuelto, los problemas bullían mezclándose unos con otros y ya no era dable separarlos, se revelaba la conexión, la unidad de todas las cuestiones del espíritu, allí estaba el problema del propio hombre, y la responsabilidad ante él abarcaba asimismo la necesidad de una toma de posición política.

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Atormentarse por las cosas es un autotormento, y solo se atormenta aquel que se cree muy importante.

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El elemento vital del artista es su soledad pública, una solitaria vida pública de índole espiritual, y cuyo pathos y concepto de la dignidad se diferencian por completo de la vida pública burguesa, sensualmente social.

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No creo, ni puedo creer, de acuerdo con mi naturaleza, que para el escritor resulte natural y necesario favorecer una evolución de una manera totalmente positiva, mediante el apoyo directo del entusiasmo, como un caballero de la época sin escrúpulos ni dudas, con intenciones rectas y una voluntad y un ánimo inquebrantables. Antes bien, desde siempre el oficio de escritor se me ha antojado como un producto y expresión de los problemas de aquí y allá, del sí y el no, de la convivencia de dos almas en un mismo pecho, de la terrible riqueza en materia de conflictos, anatomías y contradicciones internas.

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El romanticismo, el nacionalismo, el civismo, la música, el pesimismo, el humor son elementos atmosféricos de la era ya transcurrida que constituyen, en lo esencial, también las componentes impersonales de mi propio ser. (…) “Honesto, pero sombrío” es la clasificación que aplica Nietzsche al siglo XIX.”

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(…) como si hubiese dos o hasta más clases de “política”, y como si, por el contrario, la posición política no fuese siempre una sola: la democrática. (…) NO se es político “democrático” o “conservador”, por ejemplo. Se es político, o no se es. Y se es, se es demócrata. La posición política del espíritu es la democrática; la fe en la política es la fe en la democracia, en el contrato social.

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La diferencia entre espíritu y política contiene la diferencia entre cultura y civilización, entre alma y sociedad, entre libertad y derecho al voto, entre arte y literatura; y el carácter alemán es cultura, alma y libertad, arte, no civilización, sociedad, derecho al voto y literatura.

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Sin la palabra no es posible conducir a la humanidad.

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Una enorme valentía es bárbara sin un ideal bien articulado al que sirva. Solo la palabra hace digna la vida del hombre. La falta de palabras es indigna del hombre, es inhumana. No solo el humanismo, sino la humanidad en general, la dignidad humana, el respeto por el hombre y la autoestima humana se hallan indisolublemente ligados a la literatura, de acuerdo a la concepción innata y eterna de la civilización romana.

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(… ) la civilización y la literatura son una misma cosa.

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“Vivir —es combatir dentro de sí el escupitajo de oscuras fuerzas.

Crear —administrar justicia sobre el propio yo. Ibsen”

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Como todos los viernes, Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras el mesero se acerca con la charola que soporta el Grey Goose, Gamés pondrá a circular las frases que oyen por aquí y por allá: “Las vacaciones son como las brujas, se pasan volando”


Gil s’en va


  • Gil Gamés
  • gil.games@milenio.com
  • Entre su obra destacan Me perderé contigo, Esta vez para siempre, Llamadas nocturnas, Paraísos duros de roer, Nos acompañan los muertos, El corazón es un gitano y El cerebro de mi hermano. Escribe bajo el pseudónomo de Gil Gamés de lunes a viernes su columna "Uno hasta el fondo" y todos los viernes su columna "Prácticas indecibles"
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