Un día en la vida de México

Ciudad de México /

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil revisaba la vida mexicana en sus periódicos. Lean esto que Gamés pescó en su diario El País, en una nota de Elia Castillo: el senador Adán Augusto López Hernández vive horas bajas. Pobre Adán. El político que le peleó la candidatura a la Presidencia de México a Claudia Sheinbaum ha dejado la coordinación de Morena y la dirección del Senado, arrastrando una estela de controversias que debilitó su fuerza y su imagen al interior y al exterior del Gobierno y de Morena. Los vínculos con el grupo delincuencial La Barredora de Hernán Bermúdez Requena, el jefe de la policía que él designó cuando gobernó Tabasco, fueron la llave que abrió la caja de Pandora, la hebra que adelantó su final, se comenta en los pasillos de Morena.

A la trama de Tabasco le siguieron otros más que apuntaban a ingresos injustificados, hasta por cuatro millones de dólares no reportados en las declaraciones patrimoniales a las que el senador está obligado como servidor público. López Hernández plantó cara a los escándalos ante el llamado de la Presidenta. “Que aclare el senador”, así lanzaba la mandataria el balón a la cancha del tabasqueño en noviembre para que explicara los movimientos en sus cuentas. Desde entonces, planeaba sobre el coordinador de Morena la posibilidad de que diera un paso al costado y, casi tres meses después, ocurrió. Caramba, el mundo es injusto con Adán. Oh, sí. 

Barbas a remojar

Aquí vamos: el coordinador de Morena en la Cámara de Diputados, Ricardo Monreal Ávila, aseguró que tiene pensado renunciar pronto, debido a que los puestos legislativos que desempeña no son eternos y “cuando ya no eres útil, tienes que retirarte”. ¡Sopla! No, Montreal, o como se diga, no lo haga, ¡por su madre! Gamés lo leyó en su periódico El Universal en una nota de Erick Moctezuma. Entrevistado por medios de comunicación en San Lázaro, el diputado dijo que, aunque nadie le ha propuesto dejar la coordinación de su partido, él se encuentra a la espera y siempre con su documento de renuncia en la mesa, “firmado debidamente”. Eso, Montreal, o como se diga, bien firmado. 

“Siempre lo tengo presente. Y yo, por eso en mi despacho tengo pocas cosas, nunca las arreglo, nunca pongo muebles, los dejo como están para cuando ya llegue la hora, me lleve solo la fotografía de mi esposa y la mía”. El corazón de Gil se ha estrujado. 

Estas declaraciones se cometieron un día después de la salida de Adán Augusto López Hernández de la coordinación de Morena en el Senado de la República, quien será sustituido por Ignacio Mier Velazco. Preguntado sobre la salida de López Hernández, Ricardo Monreal descartó que haya presiones en su decisión, y reiteró su opinión y sentir positivo hacia el trabajo de su compañero de bancada. Buen amigo, caray, oro molido. 

“Yo no me voy a mover de ahí, porque normalmente, cuando el árbol cae, todos quieren hacer leña del árbol caído. Yo no soy así, porque uno puede también caer en cualquier momento”. Cierto, nunca hay que hacer árbol de la leña caída, ¿o cómo era?

Un gesto genuino

Montreal defendió que la decisión fue un gesto genuino, auténtico de Adán Augusto López, y respaldó su idea de ayudar en las tareas que requiere Morena y la cuarta transformación rumbo a las elecciones intermedias de 2027. El diputado insistió en que él, como legislador, es muy práctico, debido a que nunca se aferra a los puestos públicos ni a las responsabilidades: “son encargos. Cuando llegue el momento, hay que entregarlos, sin ninguna restricción y sin ninguna resistencia”. Pues Montreal ha tenido varios encargos de diferentes partidos políticos y distintos proyectos. Y eso qué, le dirán a Gil. Nada, nomás.

Montreal dijo que lo único que lamenta de retirarse de estas encomiendas es que ya no puede seguir dialogando con la prensa, “porque se convierte uno en fantasma, ya no puedes platicar con nadie ni nadie te busca”. No se preocupe usted, amigo Montreal, la plática sigue. ¿Se acuerda usted cuando le decía presidente al ex presidente Salinas en algunas cenas? Oiga, y qué obsecuencia. Igual y Gamés se las recuerda, diputado. 

Todo es muy raro, caracho, como diría Sancho Panza: “la codicia rompe el saco”

Gil s’en va


  • Gil Gamés
  • gil.games@milenio.com
  • Entre su obra destacan Me perderé contigo, Esta vez para siempre, Llamadas nocturnas, Paraísos duros de roer, Nos acompañan los muertos, El corazón es un gitano y El cerebro de mi hermano. Escribe bajo el pseudónomo de Gil Gamés de lunes a viernes su columna "Uno hasta el fondo" y todos los viernes su columna "Prácticas indecibles"
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