Un Presidente desbocado

  • Uno hasta el fondo
  • Gil Gamés

Ciudad de México /

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil meditaba. Cuando estaba por poner su mente en blanco aparecieron las interferencias. Lo contrario de meditar podría ser desbocar, abrir más de lo debido una abertura, generalmente el cuello de una prenda, o bien romper la boca de un recipiente. O sea, el Presidente suele desbocarse a tiro por viaje. Sale de ese cántaro un torrente, sin filtro. Si alguien tiene duda, deténganse en esto: “Porque imagínense que se hubiese consumado este atentado (a Ciro Gómez Leyva), se hubiese cometido un crimen; la campaña de desprestigio en contra del gobierno. Aparte de que estamos hablando de la pérdida de una vida humana que quizá…”.

En ese orden, desprestigio de su gobierno y luego, la vida perhaps: “(…) porque esto significa desestabilizar, esto es sabotaje, es subversión… Sí, es que es muy obvio. ¿Por qué van sobre un periodista famoso que además tiene diferencias con nosotros, en buena lid? Como suele suceder en las libertades, cuando hay democracia no hay pensamiento único, se tiene que garantizar el derecho a disentir, pero ya dar un paso de esos para crear una sospecha de que el gobierno está promoviendo la represión, está silenciando a voces opositoras, todo eso ya son palabras mayores. Y yo no descarto que el conservadurismo haga eso. Bueno, lo han hecho históricamente, golpes de Estado, destituyen, reprimen. O sea, no estoy inventando nada. Entonces, no descartamos ninguna hipótesis”.

Ya lo había dicho Liópez Obrador, el atentado contra Gómez Leyva fue en realidad un atentado contra su gobierno y no contra la persona que en realidad lo sufrió, Ciro Gómez Leyva. Así como usted lo oye.

Vasallos

El Presidente desbocado: “Ya lo he dicho varias veces, me llamaba la atención que García Luna llevara a los periodistas más famosos a un búnker. Ciro, sí, me acuerdo de Ciro, cómo no, Marín, y salían: ‘¡Oh, oh! ¡Qué adelanto tecnológico, el manejo de cámaras! ¡Cuánto profesionalismo! Y defendiéndolo a él y a todo el gobierno: Qué bueno que no les temblaba la mano. Esa era la norma en esos tiempos, no les importaban los derechos humanos, no había quejas, y se dedicaban a aplaudir y a callar como vasallos”.

Gil no da crédito y cobranza. Hace días, un grupo de cien periodistas y escritores le pidió al Presidente en una carta pública que midiera sus palabras ofensivas y en contra del periodismo crítico, que el peso de sus mensajes podía desatar incluso la violencia. En respuesta, el Presidente acusó a esos periodistas de ser parte del hampa. Oyó usted bien: hampa, esas personas que según el diccionario viven de forma marginal cometiendo acciones delictivas de manera habitual. Así es el lenguaje, qué quieren que haga Gilga. Los periodistas se encuentran por razones profesionales con políticos, policías, funcionarios, hablan con ellos, discuten, les piden información: ¿eso los convierte en vasallos? Gil dice: desbocado.

Algo raro ocurre en las circunvoluciones de la testa, los periodistas son en parte culpables de la militarización: “Ahora hablan de militarización los que desataron la militarización, pero además se les olvidó a los comunicadores famosos, a Ciro y a Loret de Mola, a todos ellos, de que había consigna de rematar a heridos en enfrentamientos, de que había masacres. Y es muy sencillo de exponer, de probar, hay que ver nada más los índices de letalidad en los enfrentamientos, ahí están. ¿Que aumentó el número de homicidios cuando llegamos? Sí. Ya va para abajo. Porque nos dejaron hasta arriba, precisamente por esta política absurda e inhumana, represora”.

Contra la UNAM

El Presidente desbocado ha calificado el discurso del rector Graue como un “choro mareador”: “lo de reprobar el plagio pues todo mundo lo reprueba, pero ellos tienen la facultad de proceder en contra de la ministra o de quien haya plagiado y la SEP puede quitar el título si hay un proceso judicial”. Choro mareador: el vocabulario es importante, las palabras significan cosas y definen objetos, pero alguien desbocado lo ignora.

Todo es muy raro, caracho, como diría George Orwell: “Pero si el pensamiento corrompe el lenguaje, el lenguaje puede corromper el pensamiento”

Gil s’en va

Gil Gamés



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