Allá en Puebla, la Presidenta firmó decretos. El primero de ellos ordena que cada segundo domingo de agosto se realice una jornada nacional de reforestación. El otro, que desde este domingo, el Paso de Cortés cambie de nombre a Paso de los Pueblos Indígenas. Dijo así Sheinbaum: “Hernán Cortés, después de la masacre de Cholula, pasó hacia Tenochtitlán”, porque esas comunidades pasaron por ahí mucho antes.
Nadie le ha explicado a la Presidenta que la matanza de Cholula la perpetraron sobre todo los tlaxcaltecas y los cempoaltecas que esperaban afuera de la ciudad y que al oír un escopetazo entrarían a la ciudad para atacar a las tropas cholultecas. Fue una masacre terrible que llevaron a cabo tlaxcaltecas y cempoaltecas. Bernal Díaz la resumió así: “Iban por la ciudad robando y cautivando que nadie les podía detener”.
Aquí tenemos un problema, caviló Gil: el nuevo Paso de los Pueblos Indígenas celebrará la matanza de cholultecas a manos cruentas y crueles de indígenas tlaxcaltecas y cempoaltecas encabezados por Cortés y los suyos. ¿Qué hacer entonces?
Los pueblos originarios masacraron a otros pueblos originarios. Ciertamente Cortés y sus capitanes pasaron entre los volcanes rumbo a Tenochtitlán, seguidos por un cuantioso número de indígenas. Si se trata de cambiar nombres, Gilga propone que le pongan a ese paso de horrible memoria el “Paso de los Indígenas Asesinos”. Porque la lectora y el lector seguro saben que los cholultecas conspiraban contra Cortés y sus hombres.
Indígenas contra indígenas
Gil cita en este espacio a José Luis Martínez, la página 234 de la edición del FCE de su monumental biografía de Cortés: “Que hubo conspiración de los cholultecas, parece evidente y natural; y lo es también que los asesinatos en el patio era de guerreros, que acaso se presentaron desarmados para recibir sus armas después, y no simples tamemes”. Como sea, afirma Martínez: “Fue una matanza innoble cuyo horrible modelo se repetirá en el Templo Mayor”.
En la página 332 de esa edición, Martínez escribió: “La conquista de México hubiera sido imposible sin el apoyo indígena, y por supuesto sin la conducción de Cortés y el arrojo decidido de sus capitanes y soldados. Cortés tuvo el acierto de obtener y organizar la colaboración indígena. Logró que lucharán entre sí los indios, conducidos por los españoles, para sojuzgar al México antiguo. Arnaiz y Freg solía decir: ‘la conquista de México la hicieron los indios y la independencia los españoles’”.
Todo este cambio de nombres ocurre cuando no se lee ni una página de historia y cuando en la cabeza sólo hay lugar para unos muy malos y otros muy buenos. En fon. Sigan cambiando nombres, desaparezcan estatuas, intenten cambiar la historia, tentación de todos los autoritarios. Oh, sí.
Mucho árbol
Gil se quedó frío con las declaraciones de la Presidenta. Ella afirma que se han sembrado mil 500 millones de árboles frutales y maderables. Gil lo leyó en su periódico Milenio en una nota de Rafael Montes. Gilga se hace bolas con los números, pero diantres mil 500 millones son como decía el matemático, un putamadral. La idea, cuenta Sheinbaum, fue de Víctor Manuel Toledo y recordó las palabras de este hombre preclaro: “Históricamente, las zonas más conservadas del territorio de nuestro país son las zonas que ocupan la comunidades, los territorios de los pueblos indígenas”.
Más claro ni el agua sucia: regresemos a la importante fecha de Dos conejos. Ahí todo era mejor, bandadas de garzas pintaban de esperanza el horizonte. Hasta que llegaron los conquistadores a dañar al pueblo originario. Cuentan los historiadores que muchas comunidades pasaban felices por el Paso de los Pueblos Indígenas, se hacían fiestas, se rompían piñatas y hasta se tomaban sus alipuses y no faltaba quien se amancebara, o como se diga, ya entrada la noche. Y todo esto entre árboles frondosos, frutales y maderables.
Gamés sigue pensando que mil 500 millones de árboles formarían un bosque más grande que el de Chapultepec, o hasta uno más grande. La Presidenta estaba alegre y dijo que el objetivo para “2030 es plantar mil 500 millones de plantas y de árboles”. Gamés no entendió si se trata de otros mil 500 millones. De ser así, tendremos que vivir en las frondas de los árboles. A ver cuál le toca a Gilga, si uno maderable o uno frutal. En fon.
Todo es muy raro, caracho, como diría Antonio Machado: “El campo parece, más que una realidad, un estado de ánimo”.
Gil s’en va