Antón Martín a la vista

Laguna /

Antón Martín fue un enfermero y religioso español del siglo XVI. 

Recuerdo que cuando vivíamos en Madrid me sorprendía la Plaza dedicada a este personaje ínclito o, si me apuran, perínclito. 

Y el metro aledaño, a un costado de Atocha. Y la alusión de Baltasar Gracián en su/nuestro El Criticón: 

“Entran otros y otras por la Puerta del Sol y paran en Antón Martín; pocos por lava pies y muchos por untamanos. Y lo ordinario es no entrar por las puertas, que hay pocas y ésas cerradas, sino entremetiéndose” (El mal paso del salteo). 

La picardía del autor de Agudeza y arte de ingenio estriba en la separación de lava y pies, porque ese barrio tradicional se escribe Lavapiés, todo junto. 

Con su correspondiente plaza del mismo nombre en el barrio de Embajadores en el corazón de Madrid. 

Y el juego de lava pies se prolonga con el neologismo chispeante untamanos que, por cierto, no registra el diccionario de la RAE. Y aquí recuerdo aquella sentencia que refulge en el mismo libro: “El que te unta los cascos, ese te los quiebra”. 

La adulación como señuelo: endulzar el oído. Andado el tiempo me topé, una vez más, con Antón Martín. Sí, sí, sí. 

En esa célebre canción de Joaquín Sabina “Como te digo una “co” te digo la “O””: 

“Porque en España, aunque le pongas pegas,/sabemos vivir./Sólo en Antón Martín hay más bares que en toda Noruega”. 

Una vez más: la literatura como carrera de relevos: la propia vivencia, Gracián y Sabina abrazándonos a través de Antón Martín. ¡Ah! Cómo añoro volver a la Villa y Corte.

  • Gilberto Prado Galán
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