De recuerdos y proyectos

Laguna /

Aunque siempre fui un fervoroso lector de Amado Nervo creo, hasta ahora, que jamás había escrito nada sobre el autor de La amada inmóvil, libro póstumo publicado en 1922. A Nervo lo descabalgamos de nuestra ringla de autores singulares porque dos poemas suyos (“Cobardía” y “En paz”) bordean sin duda el territorio de lo cursi, pero Nervo es un poeta, como dicen en España, como la copa de un pino, y “Cobardía” tiene su toque y vibra bien: 

“Pasó con su madre. ¡Qué rara belleza!/¡Qué rubios cabellos de trigo garzul!/¡Qué ritmo en el paso! ¡Qué innata realeza/de porte! ¡Qué formas bajo el fino tul…!” Los diccionarios han abandonado el adjetivo garzul, un arcaísmo que significaba o significa a la letra: “una variedad de trigo que pertenece a la clasificación de las fanerógamas y gramíneas, como el centeno o la cebada”. 

La flor y el grano. Sin embargo, me detengo en una frase perturbadora que leí en El arquero divino y que entraña o implica una gran verdad. 

Y es ésta: “Un hombre envejece cuando cree que su futuro ya no puede ser mejor que su pasado”. 

Y es verdad. Conforme avanzamos a lo que Ramón María del Valle Inclán llamó “El camino de todos”, esto es, la muerte se agolpan los recuerdos y se encogen, por desgracia, los proyectos; aunque hay mortales de a pie cuya singladura es inversa y quienes, por fortuna, alientan más proyectos conforme el límite se acerca. 

Considero un sano y delicado equilibrio entre ambas orillas: recordar para proyectar y proyectar los recuerdos.

  • Gilberto Prado Galán
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