La danza macabra del xilófono

Ciudad de México /

Fue el polígrafo francés Camille Saint-Saes quien introdujo el sonido del xilófono en la orquestación. Lo hizo, precisamente, para participar en su Danza macabra, un poema sinfónico inspirado en el texto homónimo del simbolista Henri Cazalis. El poema narra las vicisitudes nocturnas de la muerte que pastorea a un grupo de esqueletos chirriantes.

El sonido de los esqueletos es producido, en la orquesta, por el xilófono, un instrumento que aparece en el siglo XIX y que es heredero del salterio o xilórgano. Además de su participación en la Danza macabra el xilófono aporta su esplendor sonoro a la sexta sinfonía de Gustav Mahler (la trágica) y a la Danza del sable de Aram Kahchaturain. Sus étimos remiten a la madera (xilo) sonora (fono). El correlato de la Danza macabra en español sería el poema de Francisco de Aldana, poeta y militar más conocido por su Carta a Benito Arias Montano. Los primeros versos de la Danza macabra son: “zig y zig y zig: la cadenciosa muerte llama,/con el talón de su pie a una tumba./La muerte a medianoche,/baila: zig y zig y zag, sobre su violín./El viento invernal sopla y la noche está sombría./Se escuchan los gemidos de los tilos./En la oscuridad se ve a los blancos esqueletos/correr y saltar bajo sus mortajas”.

Me detengo en la prosopopeya o personificación “Se escuchan los gemidos de los tilos”. El diccionario dice que el tilo “es árbol de mucho adorno en los paseos, y su madera, de gran uso en escultura y carpintería” (RAE).


gilpradogalan@gmail.com

  • Gilberto Prado Galán
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS