Debo a mi amigo el erudito Alejandro González Acosta el conocimiento de la existencia del Libro de la anatomía del hombre de Bernardino Montaña de Montserrate, uno de los médicos de Carlos V. Alejandro menciona en la reseña del Mapa del libro humano además a Baldomero Fernández Moreno, aquel poeta que cantó al interior físico de la mujer en soneto cuyos versos inaugurales son:
“Harto ya de alabar tu piel dorada,/tus extensas y muchas perfecciones/canto al jardín azul de tus pulmones/y a tu tráquea elegante y anillada”. El soneto remata con una confidencia insólita: “yo soy un sapo negro con dos alas”.
Mas torno a la obra de Bernardino escrita en español y quien, por cierto, evita mencionar a Vesalio (De humani corporis fabrica), a pesar de que la obra del flamenco se publicó ocho años antes: el Libro de la anatomía del hombre vio la luz en 1551. Es un libro que se ciñe aún al magisterio de Galeno y que incurre en varias inexactitudes como, por ejemplo: el riñón derecho está más alto que el izquierdo.
Montaña piensa que el corazón está en el centro del cuerpo y establece una bella analogía respecto del órgano fundador de la vida y el sol: están en el centro para animar de parejo modo a partes del cuerpo (corazón) o planetas (sol). Bernardino dice que la columna vertebral está segmentada porque si fuese un hueso único no tendríamos la flexibilidad que nos caracteriza, no podríamos doblarnos.
También lleva a cabo una deliciosa comparanza entre la formación de la planta desde la semilla y la manera de reproducción del ser humano. En fin que recomiendo y mucho este curioso libro. Hoy tendría que ser Libro de la anatomía humana, por corrección política necesaria.
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