Mujeres de Eduardo Galeano

Ciudad de México /

El tapiz trazado por Eduardo Galeano en su obra póstuma Mujeres (Siglo XXI, 2015) obedece a una intención fractal, esto es, tómese cualquier historia al azar, al tun-tun y advertiremos en ella la semilla o germen de las demás que urden una trama anecdótica donde los interdictos enderezados contra la mujer son múltiples: se prohíbe sentir, cantar, hablar, soñar, besar, abrir las piernas e, incluso, bostezar.

Me gusta asimismo la historia que Juan Gelman contó a Galeano respecto del reclamo por la liberación de las palomas, porque si la amistad es un alma en muchos cuerpos la vida entre las palomas, tras la metamorfosis del hijo de la reclamante, es una celebración de la amistad que, como dijo Borges, en la otra orilla del amor, no necesita la frecuencia.

Miren con que pasmosa capacidad de síntesis, en el párrafo inaugural del retrato de la única mujer con rango de ministra en el gobierno de Lenin, describe Galeano la opresión del hombre sobre la mujer: “Para que el amor sea natural y limpio, como el agua que bebemos, ha de ser libre y compartido; pero el macho exige obediencia y niega placer.

Sin una nueva moral, sin un cambio radical en la vida cotidiana, no habrá emancipación plena. Si la revolución social no miente, debe abolir, en la ley y en las costumbres, el derecho de propiedad del hombre sobre la mujer y las rígidas normas enemigas de la diversidad de la vida”. Y cito otro pasaje de incontestable verdad: “Porque la castidad es un deber femenino y el deseo, como la razón, un privilegio masculino”. En este libro Galeano ha puesto en marcha su maestría como narrador y su picardía como autor de estratagemas retóricas.

En una de las cartas con que me honró Eduardo Galeano se muestra entusiasmado por las manifestaciones en varias partes del mundo contra la guerra de Irak. El tiempo para Galeano es el tiempo de las emancipaciones, por eso la carta está firmada en Montevideo, al día siguiente de la manifestación universal.

Galeano escribió a la letra: “Querido Gilberto. Estoy contento. Parece que a este mundo desalmado le ha vuelto el alma al cuerpo. Ojalá el gentío, esta multitud jamás vista, pare la guerra. Ojalá podamos romper los candados y salir del manicomio.

Abrazos para Leticia y para ti”. Y luego viene su rúbrica con el célebre Chanchito feliz.

Estoy convencido que Mujeres ha de contribuir poderosamente a devolverle el alma al cuerpo y ha de contribuir, asimismo, a que podamos romper los candados y salir del manicomio, el manicomio de la triple M: del machismo, la marginación y la misoginia.


gilpradogalan@gmail.com

  • Gilberto Prado Galán
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